Washington
A la espera de que se confirmen los resultados sobre el primer caso de enfermedad de las vacas locas en EE.UU., las autoridades tratan de tranquilizar a la población y minimizar el impacto sobre la industria ganadera.
25/dic/2003.- Los responsables del Departamento de Agricultura (USDA) tratan de trazar la historia del animal sospechoso, procedente de una granja del estado de Washington, en la costa oeste del país.
ReutersLas autoridades sanitarias estadounidenses aguardan para finales de la próxima semana los resultados de los análisis de las muestras de tejido de la vaca, que fueron enviados a laboratorios británicos.
El Departamento de Agricultura, con su responsable, Ann Veneman, a la cabeza, trata de tranquilizar a los consumidores en EEUU y a los importadores extranjeros acerca de la excelencia de la carne de vacuno estadounidense y su nulo riesgo para la salud.
En sus ruedas de prensa diarias, Veneman y su equipo insisten en que las sospechas afectan a un único ejemplar y "el riesgo para la salud humana es extremadamente reducido".
Pero hasta ahora catorce países, incluidos China, Canadá y México, han anunciado prohibiciones totales o parciales a la entrada de productos de vacuno de EEUU en sus territorios.
Esta medida podría resultar desastrosa para la industria ganadera de EEUU, que este año vivía una época dorada de ventas y precios, debido, entre otros motivos, a la popularidad de regímenes adelgazantes basados en el consumo de proteínas.
Según la Federación de Exportaciones Cárnicas de EEUU, Estados Unidos es el principal exportador de carne del mundo y este año vendió al extranjero cerca de 3,500 millones de dólares en productos de la res.
El presidente de la Federación, Phillip Seng, expresó su alarma ante la situación e indicó que "sería un duro golpe si perdemos aunque sea la mitad de nuestras exportaciones. Sería un acontecimiento muy debilitador para Estados Unidos".
El consumo interno también podría quedar seriamente perjudicado si se confirma que la res sospechosa padece, efectivamente, la encefalopatía espongiforme bovina (EEB), conocida como el "mal de las vacas locas".
La población estadounidense consume una media de treinta kilos al año de carne de res.
De momento, varias cadenas de supermercados han cancelado la venta de carne molida procedente del distribuidor del que se sospecha que puede haber recibido carne de la res enferma y han lanzado llamamientos a sus clientes para que devuelvan la adquirida con fecha de caducidad de hoy.
El Departamento de Agricultura trata de establecer la historia de la vaca, de raza Holstein y de cuatro años, sacrificada el pasado día 9 en un matadero de Moses Lake, en el estado de Washington, y a dónde fueron a parar sus restos.
El USDA ha emitido también una orden para recuperar 4,7 toneladas de carne sacrificada el 9 de diciembre en ese matadero y la granja a la que pertenecía el animal ha quedado en cuarentena, algo descrito por Veneman como "una precaución extra".
La secretaria de Agricultura subrayó que "lo importante es que los materiales de alto riesgo, es decir el cerebro y la columna vertebral, que podrían transmitir la infección a los humanos, fueron retirados de esta vaca tras ser sacrificada".
Las autoridades agrícolas tratan de determinar exactamente el rebaño donde se crió la res enferma, que fue adquirida por la granja cuando el animal tenía dos años, y con qué fue alimentada para saber si el pienso contenía restos de otros animales enfermos.
Aunque Veneman ha insistido en que las sospechas se reducen a un solo animal, críticos del sector apuntan a que podría haber más casos y el autor del libro "Vacas Locas en EEUU", John Stauber, aseguró que se trata de sólo "la punta del iceberg".
Según Stauber, si no se han detectado más casos es porque en EEUU se somete a los análisis a muy pocas cabezas de ganado, al contrario de lo que sucede en Europa.
La detección de casos de EEB en el ganado británico, y el reconocimiento por parte de Londres en 1995 de un posible vínculo entre esta enfermedad y su equivalente humano, el mal de Creutzfeldt-Jakob causó serios reveses al sector en toda Europa en esa época.
En el Reino Unido se calcula que más de un centenar de personas han muerto por esta variante de la enfermedad de Creutfeldt-Jakob.
Terra/EFE