Inmigración y religión
Varias agrupaciones religiosas están participando activamente en el debate sobre las reformas a las leyes de inmigración.
30/marzo/2006.- El cardenal católico de Los Angeles Roger Mahony instruyó a sus sacerdotes que ignoraran cualquier disposición legal que los conminase a verificar el estatus legal de los inmigrantes antes de ofrecerles ayuda. Líderes episcopales, luteranos y metodistas adoptaron posiciones similares. Judíos reformistas piden que se le abra las puertas a los inmigrantes. Un líder bautista del sur difiere y considera que la prioridad es garantizar la seguridad en las fronteras.
EFEA continuación un vistazo al papel de la religión en el debate sobre inmigración, en forma de preguntas y respuestas.
P: Llama la atención la posición del cardenal Mahony. ¿Cómo puede ser que promueva actitudes que violan la ley?
R: La posición de Mahony podría parecer radical, pero responde a las enseñanzas de la Iglesia Católica. Por varias décadas, distintos papas, incluido Juan Pablo II, han venido diciendo que las naciones que tienen los recursos como para acomodar a gente perseguida o que padece penurias económicas tienen la obligación moral de hacerlo, sin importar el estatus legal de esas personas. Esta posición obedece a viejas enseñanzas religiosas, incluido el respeto de la dignidad humana, que impide la explotación de los inmigrantes ilegales en sus trabajos. Esas enseñanzas promueven además la preservación de las familias, mientras que la ley estadounidense a menudo separa a padres e hijos, y defienden la tesis de que "los bienes de la tierra pertenecen a todos". Mahony ha trabajado con agrupaciones proinmigrantes durante mucho tiempo.
P: ¿Esto quiere decir que la Iglesia Católica apoya una política de fronteras abiertas?
R: No. La Iglesia respeta el derecho de las naciones soberanas a controlar sus fronteras. Pero también enseña que cuando hay pobreza y persecución generalizadas, los países deben recibir a los inmigrantes si están en condiciones de hacerlo. Los obispos consideran que Estados Unidos tiene suficientes recursos como para recibirlos.
Terra/AP