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Dos siglos de historia en el 1600 de la Ave. Pensilvania

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Considerada el "paraíso" por aquellos estadounidenses que sueñan con la presidencia, la Casa Blanca, que es al mismo tiempo hogar, museo y el mayor centro de poder del mundo, cumple este miércoles, 200 años.

Hace ahora dos siglos, un pionero John Adams (segundo presidente de los casi recién creados Estados Unidos), decidió trasladarse a Washington donde le contaron que la casa que debía ocupar estaba ya, si bien en obras, "habitable".

 - 200 años de nada...

Cuentan las crónicas que la humedad y el frío de aquel noviembre washingtoniano de 1800 hicieron casi imposible la vida en aquella gran mansión que su antecesor, George Washington, había encargado construir al arquitecto de origen irlandés James Hoban.

Adams consideró aquellos comienzos en la Casa Blanca como un acto más de servicio a la nación y, henchido de fervor patrio a pesar de las circunstancias, escribió emocionado a su esposa Abigail: "...que sólo hombres sabios y honestos gobiernen bajo este techo".

Desde entonces ha llovido mucho y, bajo ese techo, una vez quemado -en 1814- y muchas agrandado, han gobernado 42 presidentes que, según los historiadores, tuvieron un denominador común: Hacer aquello que consideraron mejor para la nación, con más o menos éxito.

A partir de ahí, la avidez de historia de esta joven nación ayuda a construir tradición y a magnificar rincones, porcelanas y muebles que apenas si tienen poco más de un siglo.

Bautizada rápidamente por el pueblo como "la casa blanca" en contraposición de los edificios de ladrillo rojo que la rodeaban en sus comienzos, la mansión presidencial, según el historiador William Seale, siempre ha irradiado una mística especial, quizá porque representa "la transición pacífica del poder".

Bajo su techo se han tomado algunas de las decisiones más cruciales de la historia moderna, se han dirigido guerras, se han perfilado paces y se ha recibido a los mandatarios más importantes del mundo.

Pero también, por su doble papel de centro de poder y hogar del presidente, se han vivido toda clase de momentos íntimos que han dejado huella en la mansión presidencial.

En lo cotidiano, la Casa Blanca no deja de ser un hogar por el que han pasado más de 40 familias que, unos más y otros menos, han querido adaptar la "vivienda" a sus necesidades.

Franklin Delano Roosevelt (1933-1945) que durante la Gran Depresión fue tremendamente austero con el mantenimiento del edificio, mandó construir una piscina cubierta en la que hacía rehabilitación de su poliomielitis, y que desapareció cuando Nixon decidió dar más espacio a la prensa.

Durante la II Guerra Mundial, la mansión se convirtió casi en hotel donde invitados, como Wiston Churchill, pasaron largas temporadas. La comida, dicen, era pésima, pero las sobremesas inolvidables.

Eso, al parecer, fue todo lo que hizo FDR y, cuando llegó su sucesor, Harry Truman, la Casa Blanca era -al menos según su esposa Bess- un lugar inhabitable habitado mayormente por ratas, por lo que ordenó reconstruirla.

Además de cañerías nuevas, Truman dejó para la posteridad un precioso balcón que se abre sobre el jardín sur y deja que la mirada se pierda en el Parque Central de Washington, lo que le encanta hacer al actual inquilino cada vez que tiene un invitado al que le guste, como a él, fumar puros.

Tras estas obras, el "glamour" llegó al 1600 de la Avenida Pensilvania con John y Jackie Kennedy, una pareja que rediseñó el jardín de la Rosaleda e hizo vibrar la Casa Blanca y sus 132 habitaciones como nadie lo había conseguido antes.

En el recuerdo está la foto de John John escondido bajo el escritorio de su padre en el Despacho Oval y los cientos de fotografías que comparan a Jackie con una princesa de cuento.

Por contraposición, los historiadores afirman que los peores momentos se vivieron en 1974, cuando tras el escándalo Watergate, Richard Nixon se vio obligado a dimitir.

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Terra/Efe

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