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FRANCISCO JOSÉ DE GOYA

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 - Condesa Chinchón Condesa Chinchón

 - Jovellanos Jovellanos

 - Entierro de la sardina Entierro de la sardina
La condesa de Chinchón
Óleo sobre lienzo, 216x144 cm. Colección duques de Sueca, Madrid. 1800.
  • Como retratista, Goya ha trazado estupendas efigies de toda la sociedad de su tiempo, desde los reyes y la alta nobleza, hasta actrices y toreros. Los mejores sin duda, son los de las personas más próximas a él en sensibilidad e ideas como algunos políticos ilustrados y artistas y escritores.
  • En este caso, se trata de doña María Teresa de Borbón y Vallabriga, decimoquinta condesa de Chinchón y marquesa de Boadilla del Monte. Goya conocía, admiraba y veneraba a la condesa.
  • Aparece sobre un fondo neutro en un ejemplo de eternidad artística y humana. La carencia de referencias espaciales concretas, excepto la silla, dan una sensación de soledad o aislamiento, como si el autor y la modelo observaran el mundo en derredor. En aquel momento, era mejor permanecer lejos de las intrigas cortesanas y de la escandalosa conducta moral del marido de la retratada con su amante. En la mano derecha muestra un gran anillo con una efigie, probablemente de Godoy.
Jovellanos
Óleo sobre lienzo, 205x133 cm. Museo del Prado, Madrid. 1798.
  • Gaspar Melchor de Jovellanos es una de las figuras más destacadas de la Ilustración española. Dramaturgo, poeta, economista, educador y político, a su pluma se deben algunas de las obras que mejor reflejan el espíritu reformista de la segunda mitad del siglo XVII.
  • Este retrato fue pintado durante la permanencia de éste al frente de la Secretaría de Gracia y Justicia, a quien visitó en Aranjuez. El retratado tenía cincuenta y cuatro años y se encontraba en uno de los momentos culminantes de su carrera política.
  • Jovellanos está sentado junto a la mesa de su despacho. En su mano derecha un papel contiene la inscripción «Jovellanos por Goya».
  • El ministro, que muestra una actitud entre melancólica y pensativa, viste una elegante casaca, pantalones de terciopelo y calcetas de seda, que son ejemplo de la capacidad de Goya a la hora de reproducir la calidad de los tejidos. Al fondo y a la derecha, una estatua de Minerva, diosa de la sabiduría y protectora de las artes y los oficios, simboliza el carácter reformista de Jovellanos y su preocupación por el desarrollo económico y técnico del país. El escudo que lleva la diosa ha sido identificado como el del Real Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía, institución educativa que fundó en Gijón y que constituye uno de sus proyectos más queridos.
El entierro de la sardina
Óleo sobre tabla, 82,5x62 cm. Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid. 1812-1819.
  • ¿El entierro de la sardina¿, una función de Máscaras que, se supone, representa la fiesta campestre con que los madrileños despedían el Carnaval el Miércoles de Ceniza, aunque no está claro que ese acto se celebrara en época de Goya.
  • Goya trastoca aquí el concepto amable de los refinados bailes de máscaras rococós y lo sustituye por un grupo de individuos enmascarados que se disuelve en la masa para dar rienda suelta a sus apetencias y sus deseos más íntimos.
  • Goya retrata a los danzantes dotándoles de una grotesca rigidez, más bien propia de autómatas, que elimina cualquier gesto de naturalidad o alegría.
  • Al menos cuatro figuras, las dos mujeres vestidas de blanco, el diablo y el hombre colocado a la derecha, adoptan aquí la postura de baile favorita de Goya cuando aborda escenas de este tipo, que ha sido identificada como uno de los pasos de la seguidilla bolera, en el que los brazos permanecen abiertos y una pierna se levanta del suelo en un difícil equilibrio.

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