Pianista precoz argentino logra éxitos en su país y Europa
Una ovación corta el silencio, el pianista deja el teclado, mira al público e inclina la cabeza para agradecer los aplausos. Sólo entonces, como si se hubiera roto algún encantamiento, queda en evidencia que el magistral intérprete es un chico de apenas 14 años.
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05/ago/2003.- Iván Rutkauskas es el nombre del pequeño genio argentino que maravilla por su talento, y al que muchos vaticinan un futuro entre los grandes de la música mundial.
APIván Rutkauskas en su casa en Buenos Aires
Pero una vez terminado el concierto, el genio artístico se desvanece y da paso a la espontaneidad infantil.
"No sé si soy un prodigio. El piano está entre mis primeros recuerdos y para mí hacer música es tan natural como comer o dormir", dice a AP luego de deleitar al público con una interpretación del concierto número 2 de Sergei Rachmaninoff.
Iván nació el 22 de julio de 1989 en el seno de una familia de origen lituano, de larga tradición musical. Su padre, Roberto Rutkauskas, es tenor; su madre, Noemí Silva, es soprano, y sus dos hermanos mayores, Roberto y Amarilis, son violinistas.
Su madre cuenta anécdotas familiares que lo pintan con poco más de dos años, golpeando suavemente el teclado del piano o sacándole delicados sonidos a las cuerdas de algún violín.
"Iván nació con oído absoluto", comenta orgullosa Silva, quien lo acompaña a todas partes. "Al principio tocaba el violín también, pero cuando tenía seis años eligió el piano".
La familia vive en un suburbio de Buenos Aires en una modesta casa cuya sala principal está copada por dos pianos. Iván debe viajar cerca de dos horas para llegar a la ciudad, donde tres veces por semana toma clases con Antonio de Raco.
"La primera vez que tocó ante mí lo hizo tan rápido y de manera tan impetuosa que parecía un torrente capaz de arrastrar piedras, pero igual podía vislumbrarse que tenía el don", asegura el maestro a quien todos señalan como el responsable de pulir el talento innato del joven.
Para de Raco el principal mérito de Iván es que aprende rápido: "En dos meses consiguió lo que a otros puede llevarles dos años".
Iván comenzó a estudiar con de Raco gracias a una beca obtenida a los seis años. En 1997, un jurado coincidió por unanimidad en que estaba escuchando como ejecutante "a un ser dotado para la música" y no faltaron las comparaciones con la argentina Martha Argerich e incluso Mozart.
En 2001,el pequeño ganó el concurso internacional "El sonido y el tiempo" y recaló en la ciudad italiana de Palazzolo Sull' Oglio, que fue su puerta de entrada a Europa.
"Ese no sólo fue mi primer viaje a Europa (sino que también) fue mi primer viaje en avión", recuerda emocionado. Para este año, el músico tiene programado volver a Italia y Alemania, becado por institutos europeos, para dar una serie de conciertos.
"Creo que este viaje será una instancia decisiva en su formación", asegura su maestro.
Iván está tan acostumbrado a destacarse entre sus pares que para él no merece especial atención que el renombrado Daniel Baremboin lo eligiera para brindarle una clase magistral en el Teatro Colón, la sala lírica más importante de Latinoamérica.
"Estuvo bueno, muy bueno", se limita a decir sobre aquella ocasión en que interpretó el Allegro de la Patética de Beethoven frente al genial titular de la Sinfónica de Chicago y director de la prestigiosa Opera Estatal de Berlín.
La idea que Iván tiene de la música no se aleja del repertorio ubicado entre el barroco y el posromanticismo europeo. Y por ahora ni se le cruza por la cabeza interpretar otros géneros.
Pese a que el aprendizaje del piano lo obligó a abandonar el colegio y tomar clases particulares, no siente el sacrificio de dedicarse por entero a la música.
Fuera de su excepcional don, nada lo distingue de un chico promedio de su edad: disfruta de sus clases de natación y de los juegos por internet que comparte con sus amigos del barrio.
Y cuando piensa en el futuro, sólo una cosa le parece segura: "Aunque tenga que viajar mucho... siempre voy a vivir en la Argentina".
Terra/AP



