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Pero subiendo de vueltas (¿quién maneja un auto así a bajas revoluciones?) la entrada en acción del turbocompresor produce una explosión de potencia, sin dejar nunca de estar bien adherido.
El motor en el WRX está gestionado por una caja de cambios de seis relaciones bien escalonadas que aprovechan cada caballo de potencia. El manejo de la caja es algo áspero y requiere un pequeño periodo de adaptación para no errar en cada engranaje.
El corte de inyección está en las 7.000 revoluciones por minuto, barrera a la que se llega muy rápidamente. Para alertarnos de la subida, el conductor puede elegir un nivel de régimen de forma que una luz roja se nos encenderá en el cuentavueltas, en posición central en el cuadro de instrumentos, un aviso que también puede ser acústico.
El comportamiento dinámico del STi está preparado para soportar la mayor potencia y una conducción sin contemplaciones. En el excelente comportamiento tiene mucho que ver la transmisión permanente a las cuatro ruedas, con reparto al 50 por ciento. El sistema encargado de este trabajo son dos diferenciales de deslizamiento limitado y un tercero central viscoso.
En el uso urbano resiente sus raíces deportivas. La suspensión se muestra dura, trasmitiendo cada imperfección del pavimento, y los tirones y reacciones bruscas tienen a mal traer a los pasajeros habituados a un paso más touring. La cabina se demuestra ruidosa y las detalles de terminación no ayudan a tener el confort en el habitáculo.
Pero, ¿quién quiere un Impreza para ir de paseo?. Es un auténtico "comecurvas". Los frenos están a la altura de las circunstancias con un equipo Brembo con unos discos de tamaño espectacular.
También es un ¿comecombustible¿. Si bien en este apartado ha mejorado, sigue teniendo un consumo elevado tratándose de un 4 cilindros. Atenta contra esto su carácter nervioso, que invita a un estilo de manejo más agresivo.
Un automóvil que seguramente será apreciado por los amantes de la conducción deportiva y de la competición.
Terra / EFE - Sergio Tacchella