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Terra / AP Photo

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Tras más de tres horas en una butaca de cine, después de provocar tantas expectativas, tras una enorme campaña de marketing y un coste de 135 millones de dólares, Pearl Harbor no es la película que muchos esperábamos, ni mucho menos la que podríamos haber imaginado, aunque, por supuesto, todo hay que decirlo, dejará muy satisfechos, cuando no estremecidos, a muchos espectadores.
El productor Jerry Bruckheimer y el director Michael Bay han intentado con Pearl Harbor igualar o superar otras películas bélicas como The Bridge on the River Kwai, The Longest Day, o Saving Private Ryan, sin conseguirlo, pues el filme no convencerá ni a los amantes del cine romántico, ni a los del cine bélico.
Pearl Harbor cuenta la historia de dos pilotos, Rafe y Danny (Ben Affleck y Josh Hartnett), y una enfermera de la marina, Evelyn (Kate Beckinsale), de quien ambos se enamoran en medio de la agonía de la Segunda Guerra Mundial.
El sorpresivo ataque japonés el 7 diciembre de 1941 es sólo parte de las secuencias de la película que comienza con los bombardeos por parte de los nazis a Gran Bretaña en 1940, II Guerra Mundial, y culmina con el bombardeo aéreo del mayor James Doolittle contra Tokio dos años después. Sin embargo, hasta la mitad de la película no tiene lugar el famoso bombardeo de los japoneses a la base naval estadounidense de Pearl Habor, en Hawaii.
La película dirigida por Michael Bay (Armaggedon) evidentemente conmoverá a muchos estadounidenses, pero por el contrario puede crear mucha controversia entre los ciudadanos de origen japonés, sobre todo en otros países como Japón o Alemania, donde de hecho se van a estrenar versiones adaptadas del filme, en el que se va a cambiar sustancialmente el discurso patriótico final, por poner un ejemplo.
Además, Pearl Harbor puede llevar a la confusión a muchos desconocedores de la Historia Mundial, pues en la película no se explican concisamente las causas del bombardeo a la base estadounidense por parte de los japoneses, unas causas relacionadas con unos hechos históricos que se pueden remontar incluso hasta la Primera Guerra Mundial.
En cuanto a las actuaciones, es obvio que con una historia poco creíble y un guión flojo, no pueden dar mucho de si. La ausencia de química entre la enfermera y los dos pilotos es tan evidente que los diálogos entre ellos terminan siendo insufribles cuando no banales. Ben Affleck (Bounce) se interpreta a si mismo, y su aburrida actuación hace que, cuando se presume que está muerto, el espectador no eche de menos su presencia en la pantalla. Sin embargo, la arrogancia de su personaje hará que muchas jovencitas queden prendadas de su porte, de su elegancia y de su caballerosidad.
En cambio, la actuación del joven Josh Hartnett (Blow Dry) en la película es bastante más interesante que la de Affleck, llegando a robarle casi todo el protagonismo con su intensa mirada y su suave y sincera sonrisa. Aunque también hay que decir que en vez de interpretar, en ocasiones lo que hace es atacar sus líneas con demasiada violencia y eso hace que parezca que su personaje está constantemente enfadado.
La actriz británica Kate Beckinsale es una enfermera muy valiente y muy activa cuando está trabajando, que sin embargo no tiene ninguna fuerza ni ningún carácter en el amor, y lo único que hace es esperar sentada a que los hombres le digan lo guapa que es. Más que actuar Beckinsale parece que desfila en un pase de modelos.
Pearl Harbor es una blanda y pusilánime historia de amor, con muy poca química entre los actores que, además carecen de carisma. Las actuaciones no son nada creíbles, al igual que la historia, y las lágrimas vertidas por los actores son tan falsas que no hay forma de que la película nos conmueva. Y por si fuera poco, demasiadas escenas guardan tintes de otras películas como Top Gun (vuelos de práctica) o Titanic (el escoramiento de barcos y búsqueda de cadáveres).
Por muy impresionante que parezca el bombardeo, no merece la pena las casi dos horas de sufrimiento y espera en la butaca para verlo, y menos cuando no hay nada de acción en el resto de la película. Parte del problema es que el evento central del filme, el bombardeo, no está tratado de forma muy satisfactoria, y que la historia paralela carece de gancho.
Es una pena que Hollywood se gaste tanto dinero en crear películas como ésta, que además de crear seguramente una gran polémica, va a hacer perder tres horas de su vida a los espectadores, que sin embargo dejarán las arcas de Disney un poco más llenas.
Terra / Bárbara Martos
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