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La fotografía principal empezó en Oahu el martes 4 de abril con una bendición tradicional de un pastor Hawaiano. La filmación de la primera escena fue un momento dramático para muchos que vieron volar un avión japonés por primera vez en este territorio. Fue uno de esos momentos que te hacen regresar en el tiempo a un lugar en el que nunca estuviste, cuando de repente te das cuenta que puedes imaginar cómo pudo ser. Es cuando un gran estremecimiento te corre por la columna y tienes que voltear porque tienes un nudo en la garganta.
Temprano en la mañana, mientras una ligera brisa sopla a través de la costa y el rocío todavía brilla en el césped ondulante, una joven madre cuelga su ropa lavada en el cordel. Ella ve hacia arriba. Inexplicablemente un avión militar con un gran punto rojo pintado a un lado vuela muy bajo sobre su cabeza, tan bajo que parece como si pudiera levantar su mano y tocarlo con los dedos. La insignia no le es familiar, pero ella no está asustada, solamente sorprendida por lo que ha visto. El sonido del motor es abrumador. No puede escuchar a sus camaradas volando muy cerca, pero luego los ve, docenas de ellos, volando tan bajo que puede ver las caras de los hombres en las cabinas. Son japoneses. Ella está confundida. Ellos les hacen señas a sus hijos, no en forma de saludo, sino como advertencia para que corran y se escondan. Y de repente ella se da cuenta; es sólo el comienzo.
"Filmar en Hawai fue una experiencia mágica", dice Bay. "Había tantos momentos en los cuáles te das cuenta en dónde estas y lo que esta película significa para tantas personas. Mirando hacia abajo, bajo mi silla de director, recuerdo haber visto las marcas en el cemento, el lugar donde las balas chocaron al piso. Era literalmente debajo de mis pies. Fue un honor poder filmar justo en el lugar donde sucedió. Para mí, hay algo mágico en eso".
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