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EFE - Sólo

Cuando tu madre te irrita hasta la locura

Si puedes armarte de paciencia y dejar de jalarte los pelos por el tiempo que te tomará poner a prueba estos tips, te prometemos que la relación con tu mamá será más armoniosa.

¿Quién te crispa los nervios pasando el dedo por los polvorientos muebles de tu cuarto o “sugiriéndote” que reconsideres el novio que tienes ahora? ¿Adivinaste? ¡Tu mamá! Por eso, a veces quisieras que la tierra te tragara en cuanto la ves entrar por la puerta.

En una reciente encuesta de Cosmo, casi la tercera parte de las lectoras admitieron que su madre les causa estrés a diario; el 38% señaló que su mami las desquicia con bastante frecuencia y un 63% dijo que se sienten frustradas, molestas o resentidas con sus madres. ¿Y a quién no le ha ocurrido alguna vez esto? Sí, claro que la adoras, pero ella tiene la facultad sobrehumana de sacarte de tus casillas hasta hacerte enloquecer. “El vínculo entre madre e hija es intenso y primitivo”, dice Iris Krasnow, autora de I Am My Mother’s Daughter: Making Peace With Mom Before It’s Too Late (Soy la hija de mi madre: haciendo las paces antes de que sea muy tarde). “Por eso ella te altera como lo hace”.

Afortunadamente, hay modos de minimizar esos ataques de furia inducidos por las madres. Estas probadas estrategias te ayudarán a enfrentar y resolver algunas de esas situaciones tan comunes y universalmente irritantes.

Mamá es experta en… ¡todo!
Aunque sea una sola vez en la vida, te gustaría que al enfrentarte a un problema, tu madre te dijera: “¡Vaya! Yo nunca tuve que lidiar con algo así. Lo estás manejando muy bien”. Pero nooo. Tu madre adopta un aire de autoridad aunque no tenga la menor idea de lo que está pasando. “Cuando me quedé sin empleo, ella tenía grandes ideas acerca de lo fácil que me sería hallar otro trabajo vía internet... aunque ni siquiera tiene computadora y está en la misma compañía desde hace más de 20 años”.

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¿Por qué lo hace? Pues porque es tu madre. Acostumbras a decirle a tus amigas: “Necesito desahogarme”, y ellas se limitan a escucharte. “Pero tu mamá te ha dedicado mucho tiempo de su vida y le resulta muy difícil despegarse y dejar que te independices”, dice Krasnow.
Para conservar la cordura: La solución es simple, pero exige dominio de ti misma: contrólate y no seas no seas dramática. “Instintivamente ella querrá arreglarlo todo”, señala Krasnow. “Así que no le abras esa puerta si no quieres que entre”.

Te protege demasiado
“Otra vez se puso a doblar la ropa que yo había lavado y secado”, recuerda Debi, de 27 años. “Cuando la vi doblando las medias como hacía en casa, para ‘cuidar’ el elástico, le grité: ‘¡Yo sé hacerlo!’ ”

Te molesta que tu madre haga cosas así, quizás porque no le pediste que lo hiciera o porque sientes que “su ayuda” es otro modo de obligarte a realizar las cosas a su modo. “El mensaje que recibes es: ‘No puedes cuidarte sola’ ”, señala Laura Tracy, sicoterapeuta en Washington, D.C., consejera de madres e hijas. Pero hay algo más tras esa excesiva protección. Ya no eres una niña, y tu madre probablemente se siente triste por eso. “Ella se está aferrando a un hábito que le permite sentir que sigue siendo parte de tu vida”, explica Tracy.
Para conservar la cordura: Cuando ella te regale ropa interior “decente”, limpie la cortina de tu baño o te llame para saber si estás abrigada, piensa: Mi madre me extraña, en vez de Ella cree que soy una chica vulgar y sucia que no sabe cuidarse. Entonces, respira profundo y dile sin alterarte: “Por favor, mamá, para ya. Me haces sentir como una niña”. Según Krasnow: “Se sentirá menos herida si no te explotas y no exageras el asunto”.

Es negativa
Compartes con tu madre una noticia que te tiene muy entusiasmada, y ella te responde con un comentario cauteloso o negativo, lo que te hace preguntarte: ¿Por qué mejor no me lanzó un cubo de agua fría por la cabeza? Marta, de 26 años, puede entenderlo perfectamente. “Logré ingresar en un curso muy exclusivo, y las primeras palabras de mi madre fueron: ¿Y cómo vas a pagar por eso?”

¿Qué pasa aquí? Ella dice que quiere lo mejor para ti, pero se inquieta o quizás inconscientemente se sienta celosa de tus éxitos. “Quizás recuerde que también tuvo sueños que no pudo realizar y no sabe cómo manejar la situación”, observa Krasnow. “Su primer impulso podría ser tratar de traerte a la realidad”. O es posible que no quiera verte decepcionada si las cosas no salen como esperas.
Para conservar la cordura: “Si la conoces y sabes que es propensa a ese tipo de reacción, probablemente adoptes una postura defensiva incluso antes de decirle algo”, señala Andra Medea, autora de Going Home Without Going Crazy (Volviendo a casa sin volverse loca).

Para prepararte, ve al gimnasio o corre alrededor de la manzana antes de darle la noticia. “Quemarás adrenalina y así no saltarás tan rápidamente a contestarle de forma brusca cuando ella te diga algo”, aconseja Medea. Si aun así te molesta su comentario, respóndele de manera cortés. Dile algo como: “Tienes un punto de vista interesante”. Traducción: “Ya escuché lo que tenías que decir. Se acabó la discusión”. Y después, cuéntaselo a otra persona que sí se alegre por ti.

Se hace la mártir
Ya sea que se vaya a operar un juanete o que tu padre se quedó sin trabajo, a tu madre le gusta reservarse las malas noticias... para después dejarlas “caer” en el momento preciso. Entonces, prácticamente tienes que obligarla a que te describa los detalles. “Me contó que se le había perdido el monedero, pero cuando le insistí en la verdad, admitió que se lo habían robado”, cuenta Lisa, de 25 años. “Me dijo que no quería asustarme y actuaba como si yo fuera demasiado inmadura para enfrentarlo”.

Sí, claro, a veces te parece que es un jueguito manipulador... y hay madres a quienes les encanta la atención y apoyo que reciben por su autoimpuesto “martirio”. Pero también considera que cuando eras pequeña, ella te cuidaba de los embates de la vida. “Es parte de su naturaleza protegerte”, dice Krasnow.
Para conservar la cordura: Quizás tu reacción sea molestarte. Pero mejor pregúntale si puedes ayudarla en algo. Si te sale con aquello de: “No te preocupes por mí”, dile: “Bueno, ya sabes que estaré aquí cuando necesites hablar”. Varios días después vuelve a llamarla para ver cómo están las cosas. “Dile que vas a seguir llamándola y que te gustaría que te tuviera al tanto si algo sucediera”, aconseja Krasnow. Así le haces saber que tienes madurez para oír la noticia y para ayudarla a manejar la situación.

Es el vivo retrato de la conducta pasivo-agresiva
Te oculta la tira del sostén bajo la blusa (“¡Desaliñada!”) o sube una ceja si pides postre (“¡Glotona!”) “Mi madre nunca me llamaría ‘solterona’, pero cuando conversa conmigo, siempre menciona quién se casó o quién tuvo un bebé”, cuenta Marga, de 33 años. “Si voy a una cena en su casa, siempre me sienta junto a un hombre soltero con aire de sabihondo. Pero si le reclamo, se hace la tonta y me responde: “¿Quién, yo?”

Este tipo de madre es la controladora más furtiva. “Ya no puede dictar lo que tienes que hacer como cuando eras niña, y acude a estos gestos cargados de información para decirte que no estás haciendo lo que espera de ti”, señala Tracy. Para conservar la cordura: Controla tu respuesta para que no crea que te afecta. “Las mujeres dejan que el tono de su voz y sus gestos revelen la ansiedad o la ira que están experimentando”, dice Medea. Mantén las manos tranquilas y el tono de voz calmado. Y no imites su estilo pasivoagresivo volviendo a sacarte la tira del sostén o atracándote de dulces.

Se transforma en un ser humano como tú
Ver a su madre con unos tragos de más y tomándose fotos con un vestido muy escotado en una boda, asombró a Laura, de 23 años. “Mi universo cambió. Vi ese lado feo de mi madre por primera vez”.

Es inevitable: llegará el momento en que ella te dejará boquiabierta contándote algún detalle de su vida sexual con tu padre o algún error que cometió. “Te sientes rara cuando eres testigo de sus debilidades o deslices”, explica Medea. “Y la relación cambia en ese instante”.
Para conservar la cordura: “En vez de disgustarte, acéptalo como una oportunidad para comportarte maduramente y empezar a crear otro tipo de relación con ella. Si te reveló el secreto, es porque cree que puedes enfrentarlo”. Alégrate pensando que, al menos en ese instante, te está tratando como una mujer adulta.

Cosmo/Colleen Rush

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