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Hay vida a 30 bajo cero
Cosmopolitan en español fue la única revista/web latinoamericana invitada a vivir una singular experiencia: manejar un potente Porsche sobre un lago helado y dormir en el Ice Hotel a 5 grados bajo cero.
Me encantó sentirme chico Cosmo por una semana, aunque para eso tuviera que pasar, en apenas 36 horas, de 25 grados en la costa caribeña a 30 grados bajo cero al norte del Círculo Polar. Un diferencial término digno de mencionar y similar al de los asiáticos (Taiwán, Singapur, Filipinas, Corea) que conformaban la mayoría del grupo que Porsche trasladó hasta Kiruna, 200 km al norte del Círculo Polar y la última ciudad grande en esas latitudes.
Por supuesto que llevarnos a pasar frío y a conocer uno de los más exóticos hoteles en el mundo no era el objetivo final de este viaje. Comprobar sobre el terreno las virtudes de la nueva Cayenne GTS y en especial de su compleja electrónica resumida en el botón del PSM (Porsche Stability Management System) era nuestro principal objetivo.
La única modificación que los autos recibieron para la ocasión fueron los neumáticos de nieve que nos facilitaron un poco la tarea, unas llantas de 300 dólares cada una que son imprescindibles en esa parte del mundo.
La actuación del PSM en la inmensa mayoría de los casos superó con creces la habilidad de nuestros pies y manos a los mandos. Es muy impresionante poder sentir como todo el sistema integrado, computarizado y actuando sobre el motor, tracción y frenos, es capaz de corregir la mayoría de tus errores sobre una superficie tan deslizante como hielo de agua cristalina de 50 cm de grosor. Cuando desconectas el sistema PSM, ¡prepárate a dar vueltas! No te lo recomendamos en condiciones normales de manejo, pero si lo puedes disfrutar con seguridad, es una experiencia única.
Las virtudes de la nueva GTS están claras, una supercamioneta, con todo lo que puedas desear: potencia increíble, electrónica al máximo nivel y una calefacción que nos mantenía a 22 graditos a pesar de que afuera los únicos que estaban felices eran los renos.
Dormir en la cueva de hielo
Había oído hablar muchas veces del hotel de hielo y la verdad es que a pesar del cansancio me puse las botas y abandoné mi habitación caliente para pasar una noche a bajo cero. Por suerte, en el hotel de hielo te dan de todo: pijama térmica, saco de plumas y consejos que te animan mucho: “Si le duelen los dedos de los pies, salga de ahí inmediatamente, se le pueden estar congelando”.
Lo más impresionante es el silencio. Una vez que te duermes, sólo la nariz congelada te despierta de vez en cuando. Unos bloques de hielo sobre los que descansa una madera, un pequeño colchón y unas pieles sirven de cama que, te aseguro, se hacen de lo más confortable. Ir a hacer pipí es toda una aventura, pero yo resistí hasta que a las 7 de la mañana me ofrecieron el reparador Lindenberry. Desde Kiruna, Laponia, Suecia, esas fueron las aventuras que viví a 5 grados bajo cero.
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Cosmo/José Carlos De Mier


