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Saviola: del tango al fado para volver a ser futbolista

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30/6/2009 - 18:35(GMT)

Nemesio Rodríguez Madrid, 30 jun (EFE)- De "Mi Buenos Aires querido" a "Lisboa antigua y señorial", del tango al fado, la vida es melancolía, amores y desamores, pero Javier Saviola sólo piensa en volver a ser futbolista a orillas del Tajo.

Historia continua abajo

En el arco de ocho años, el "pibito" ha saltado de River Plate al Benfica, del estadio al estadio de "A Luz" (La Luz) un largo viaje que comenzó en 2001 cuando dejó Buenos Aires para recalar en Barcelona, donde pasó del éxito a la tristeza en sólo tres años.

El "pibito" ya soportó bastantes momentos de tristeza en los banquillos del Barcelona y del Real Madrid como para asustarse ahora ante el reto de la Liga portuguesa. Además, tiene a su lado a su compatriota Pablo Aimar, fichado por el Benfica en 2008.

Si el fado expresa los malos momentos que depara el destino, Saviola pudo haber sido un gran intérprete de esta música portuguesa en su transición por los dos grandes del fútbol español.

Llegó demasiado joven -el Barcelona lo fichó en 2001 con 20 años- al competitivo fútbol español como alternativa al "efecto Zinedine Zidane", nada menos, el segundo fichaje "galáctico" de la primera presidencia de Florentino Pérez en el Real Madrid (el primero fue el portugués Luis Figo).

Pese a su juventud, Saviola afrontó con descaro su primera temporada en la Liga, donde marcó 17 goles y se llevó el "Balón de Plata" que EFE otorga al mejor futbolista latinoamericano del campeonato.

En esa primera temporada, Saviola bailó a ritmo de tango atrevido, encandiló a los aficionados azulgranas y el futuro se le presentaba esplendoroso. No adivinaba el nubarrón del desamor que llegaría después.

Mientras Saviola celebraba su buena campaña, arribó a Barcelona el nuevo técnico, el holandés Louis Van Gaal, que regresaba al club que había abandonado en mayo de 2000 tras dimitir después de no poder añadir ningún título a las dos Ligas, dos Copas del Rey y una Supercopa europea que había sumado.

Van Gaal venía con su famosa libreta, una "biblia" que aplicaba los dogmas del sistema sin piedad. De entrada, cortó de raíz las versiones sobre el interés del Barcelona por Riquelme. No le gustaba.

Pero el entonces presidente azulgrana, Joan Gaspart, eligió a Riquelme para contrarrestar el impacto mediático del fichaje de Ronaldo por el Madrid. El propio Saviola celebró la contratación del "10" de Boca, que heredó de Rivaldo el mismo dorsal.

Van Gaal se encargó pronto de marcar distancias. En un gesto de brutal sinceridad, no tuvo empacho en afirmar que para él Riquelme no era "una gran estrella". Y lo sentó en el banquillo, mientras Saviola vivió en el agobio constante al ser obligado a hacer funciones que hasta entonces le eran desconocidas.

El sistema de Van Gaal hacía aguas, pero allí estaba la pareja argentina, sólo consolada por la letra de "Mi Buenos Aires querido": "Quiero que sepas/que al evocarte/se van las penas/ de mi corazón".

Pablo Aimar, el otro integrante del mejor trío de revelaciones argentinas que salió del país en la década del 2000 para fichar por el Valencia, no pudo resistir la tentación de intervenir: "Me sorprende que no jueguen más porque son grandes futbolistas y muy jóvenes".

Pero el "holandés de hierro" no estaba dispuesto a sacrificar su esquema táctico por la libertad de acción de las estrellas. Hasta Johan Cruyff le criticaba: "Van Gaal es un estudioso del fútbol, pero yo veo el fútbol al revés de como lo ve él".

Hundido por los malos resultados, Van Gaal fue sustituido a finales de enero de 2003 por el serbio Radomir Antic, que dio más continuidad a Saviola y menos a Riquelme.

Otro holandés, Frank Rijkaard, relevó a Antic en junio, llegó Ronaldinho gran fichaje estrella, Riquelme se marchó cedido al Villarreal y Saviola se consolidó en la segunda vuelta del torneo como titular y goleador.

Sin embargo, las relaciones con el club se enturbiaron debido a la pretensión del Barcelona de rebajarle el sueldo. El fichaje de Samuel Eto'o en 2004 le dejó sin sitió y Saviola pasó una temporada en el Mónaco y otra en el Sevilla para regresar al Barcelona, donde sólo gozó de oportunidades cuando Eto'o se lesionó.

En julio de 2007, Saviola se vistió de blanco con la intención de "buscar la felicidad completa". "Ojalá que la encuentre en el Madrid. No tiene precio sentirse querido como futbolista", dijo entonces.

Tampoco tuvo mucha suerte y languideció en el banquillo.

El "pibito" hace de nuevo las maletas para asentarse en Lisboa, donde sueña con reeditar la química que él y Aimar tuvieron en el River Plate.

"Quiero sentirme de nuevo útil e importante", dijo Saviola a su llegada a Lisboa. Ojalá que encuentra inspiración y alegría en el fado que tan magistralmente interpretaba Amalia Rodrigues: "Lisboa, vieja ciudad/Llena de encanto y belleza/Siempre sonriendo tan hermosa/Y en el vestir siempre airosa". EFE nr

Terra/EFE

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