Se cumplen diez años del dopaje positivo de Maradona en EEUU'94
Diego Maradona dio positivo y fue retirado del Mundial de Estados Unidos'94 hace diez años, tras jugar con la selección argentina ante Nigeria el 29 de junio en el estadio Foxboro de Boston, el escenario de su despedida del equipo albiceleste.
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Diego Armando MaradonaReuters
A una década de aquel episodio, el mejor futbolista argentino de
todos los tiempos pasa sus días en un instituto neuropsiquiátrico,
en las afueras de Buenos Aires, en el que cumple un estricto
tratamiento por su adicción a las drogas.
Aquella tarde en el Foxboro, cuando el partido terminó con la
victoria argentina por 2-1, entró al campo de juego una enfermera
que invitó a "Pelusa" a que la acompañara a someterse al control
antidopaje.
La sorpresa por aquel insólito hecho se convirtió días más tarde
en estupor, cuando se anunció el positivo del jugador de mayor
atracción de aquel Mundial y la Asociación de su país decidió
retirarlo de la competición para evitar una sanción al equipo.
"Me cortaron las piernas", dijo entre sollozos Maradona al
reconocer que se había terminado su historia con la selección
argentina, a la que había llevado a ganar el Mundial en México'86 y
a la final en Italia'90.
Era su cuarto Mundial, había jugado su partido número 21 en el
máximo torneo de la FIFA, y en Argentina se aseguraba que, si no
hubiera dado positivo o no le hubiese tocado el control antidopaje,
el equipo que dirigía Alfio Basile y en el que brillaban Gabriel
Batistuta y Claudio Caniggia podría haber llegado a la final.
Tres años más tarde se retiró como futbolista en el Boca Juniors,
equipo con el que fue campeón en 1981, antes de jugar en el
Barcelona y el Nápoles.
Los argentinos se preguntaban a fines de octubre de 1997 cómo
sería el fútbol sin Maradona, cuando decidió su retirada después de
más de dos décadas de actividad en la que se sucedieron hechos de
alto voltaje, tanto en el terreno deportivo como en su vida
personal.
También se preguntaban qué sería de su vida alejado de una
pelota, de las exigencias a las que está sometido un deportista de
alta competición.
Aquella inquietud tuvo su justificación dos años y medio más
tarde, cuando estuvo al borde de la muerte en Punta del Este
(Uruguay), donde sufrió una crisis cardíaca y debió someterse en La
Habana a un tratamiento por su adicción a las drogas del cual nunca
fue dado de alta.
El fútbol sin Maradona se las arregló como pudo, pero se las
arregló, como había sucedido años antes cuando se despidieron de los
campos de juego Alfredo Di Stéfano, Pelé o Johann Cruyff.
Sin embargo, a Diego las cosas le costaron bastante más en ese
aspecto. El flaco y poco expresivo fútbol actual, controlado por
intereses que eclipsan valores como el talento y la belleza del
juego, se recicla con una notable facilidad pese a la falta de
jugadores como el Pibe 10, pero a éste su condición de ex futbolista
lo torturó.
"Todavía me duele y no puedo creer que no pueda jugar más. Porque
aún siento el fútbol en todo mi cuerpo, en la cabeza, en el corazón,
en el estómago, en las piernas, en los pies. Era muy feliz mientras
jugaba", dijo hace dos años.
También comentó que en su vida cometió "diversos errores", pero
que sufrió "las consecuencias".
"Mi falta más grave fue consumir drogas. Hice daño y entristecí a
mucha gente por eso, especialmente a mi mujer y a mis hijas. Lo
siento muchísimo, pero eso no me convierte en un monstruo. Yo me
acepto como soy, estoy contento conmigo", expresó.
Pero no pudo contra la droga. En abril de 2004 estuvo al borde de
la muerte y ahora, a los 43 años, está internado en un instituto
contra su voluntad.
Los mejores recuerdos de Maradona están vinculados al fútbol, y
los peores a cada uno de los momentos en los que no tuvo un balón en
sus pies.
EFE


