Los Yankees simplemente fueron los mejores y merecidos campeones
La competición del béisbol profesional de las Grandes Ligas llegó a su final con un nuevo campeón de la Serie Mundial, los Yanquis de Nueva York, que demostró de principio a fin ser el mejor equipo porque siempre tuvo en su plantilla a los peloteros ganadores.

05/NOV/2009- Después que los Yanquis se impusieron por 7-3 a los Filis de Filadelfia en el sexto partido y ganaron la serie por 4-2, nadie cuestionó su nueva corona de reyes del "Clásico de Otoño", ni tan siquiera el equipo rival, que admitió que habían sido superado por la mejor novena.
La celebración de los Yankees fue a lo grande
Los Yanquis alcanzaron el máximo de la esencia del béisbol, como es tener un pitcheo dominante, un bateo explosivo y unos directivos, encabezados por joven, pero bien formado manejador, Joe Girardi, ex compañero de los jugadores más veteranos del equipo al que le dio una unidad interna de los mejores tiempos de Joe Torre.
Los nueve años de espera para conseguir el vigésimo séptimo título de la Serie Mundial le sirvieron a los Yanquis para aprender de sus errores y comprobar que no siempre los millones dan triunfos garantizados, pero que si se utilizan con buenas decisiones, te abren las puertas para conseguirlos.
Los Yanquis llegaron a una temporada que no comenzó bien con todo el escándalo del dopaje de Alex Rodríguez, el jugador mejor pagado en el béisbol de las Grandes Ligas, y luego su posterior lesión de cadera.
Pero en ambas circunstancias adversas, el equipo cerró filas en torno al jugador y sobre todo a la intimidad del resto de la plantilla para asegurar que el asunto no fuese una distracción.
Girardi jugó un papel clave en este tipo de comportamiento, porque nunca se escondió de los periodistas, dio la cara, y habló con honestidad, pero también con una gran profesionalidad.
La respuesta fue la redención de Rodríguez que volvió al diamante más maduro, arrepentido del consumo de esteroides, mejor persona y con un bate que le ayudó a conseguir su primer título de la Serie Mundial como profesional, el único trofeo que le faltaba conseguir en su brillante carrera profesional de 16 temporadas.
Luego en el campo de juego, de principio a fin fue una máquina de hacer triunfos, algunos no muy brillantes, pero siempre encontró la manera de conseguir ganar que sólo profesionales de la talla de los que posee los Yanquis podían hacerlo.
La demostración más clara la dieron cuando llegó la fase final, donde en la primera serie divisional ante los Mellizos de Minnesota la barrieron en tres partidos, que muy bien podrían haber perdido de no tener toda la clase de peloteros que hay en su plantilla.
Lo mismo sucedió en la Serie de Campeonato de la Liga Americana contra los Angelinos de Los Ángeles, que lucharon para un 4-2, pero al final también perdieron partidos que les fueron "robados" por la clase de sus figuras estelares, que siempre aparecieron.
La última demostración la dieron ante los Filis, que comenzaron la Serie Mundial ganando el primer partido en el Yankee Stadium con un Cliff Lee intratable y un bateo oportuno y productivo, que ya nunca más apareció para los ex campeones del "Clásico de Otoño".
Luego ni la experiencia de Pedro Martínez ni el bateo explosivo, pero aislado del segunda base Chase Utley, que logró empatar la mejor marca de jonrones para una Serie mundial, con cinco bambinazos, pudieron hacer mellas en el mejor juego de equipo de los Yanquis.
Sólo necesitaron que A.J.Burnett tuviese su mejor partido desde que llego a los Yanquis en el segundo de la Serie Mundial para que Andy Pettitte y el relevista panameño Mariano Rivera, la vieja guardia de los Yanquis, se encargasen de hacer el resto del trabajo desde el montículo.
Por si no era suficiente todo el poder que habían demostrado los Yanquis, iba a surgir en el sexto partido la figura del siempre discreto, pero súper productivo bateador designado, el japonés Hideki Matsui, que se convirtió en el gran héroe de la Serie Mundial al impulsar nada menos que seis carreras, para empatar una marca de todos los tiempos.
Matsui, que pegó ocho imparables en 13 turnos al bate para .615 de promedio, con tres jonrones y ocho carreras impulsadas, fue el merecido ganador del premio de Jugador Más Valioso (MVP), primer japonés que lo consigue en la historia de las Grandes Ligas.
Esta vez no sucedió como en las temporadas del 2001 y 2003 cuando los Yanquis se dejaron arrebatar de las manos los títulos de la Serie Mundial, que iban a ganar los Cascabeles de Arizona y los Marlins de Florida, respectivamente.
"Los Yanquis son los campeones. Todo ha vuelto a la normalidad", proclamó Randy Levine, el presidente del equipo cuando recibió el trofeo de la Serie Mundial que le entregó el comisionado del béisbol de las Grandes Liga, Bud Selig.
El deporte del béisbol también había cumplido con su verdadero axioma y los fundamentos del juego que no son otros que un pitcheo hermético, un bateo explosivo y una defensa segura, todo eso lo pusieron los Yanquis a lo grande y por eso vuelven a ser los reyes del juego pasatiempo nacional en Estados Unidos.
Terra Deportes/EFE

(Getty Images)
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