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ATENAS 2004-VOLEIBOL

Milagros Cabral, la bandera internacional del voley dominicano

18/08/2004 - 11:25(GMT)

Por Santiago Aparicio Atenas, 18 ago (EFE)- Milagros Cabral de la Cruz difícilmente podrá nublar de su memoria su paso por Atenas y la eclosión definitiva destapada por el deporte que internacionalmente abandera para su país, la República Dominicana, en un escenario como el de los Juegos Olímpicos.

La atacante de Santo Domingo, de veinticinco años, representa el aire fresco que aborda al combinado caribeño, bisoño en el panorama mundial pero insumiso en el olimpo, donde trazó una de las páginas más relucientes de su historia cuando, por segunda vez, doblegó al todopoderoso Estados Unidos sobre el taraflex del pabellón de La Paz y la Amistad.

Cabral firmó una actuación descollante. Nutrió de veintiún puntos a su conjunto y lideró el estímulo moral que facilitó la tarea de equipo. Nada que envidiar a emblemas como Prikeba Phipps, Danielle Scott o Tara Cross Battle, bases del conjunto estadounidense al otro lado de la red, ensombrecidas por la frescura del Caribe.

Y es que Milagros ha sabido asumir la representación del punto intermedio entre la generación de antaño y el nuevo brillo que despunta del voleibol femenino caribeño. La que amalgama a mimbres recientes como Annerys Vargas o Kenia Moreta con veteranas como Francia Jackson Cabrera o Yudelkis Bautista, que destaparon para la isla las bendiciones de un deporte reciente.

Milagros supone el equilibrio en un bloque entusiasta. Añade el talento a un grupo batallador, productivo ante la adversidad y urgido de noticias buenas. Es el argumento resolutivo del combinado de Jorge Garbey el ingeniero cubano de la factoría caribeña.

La atacante dominicana empezó a tomarse en serio el voleibol hace once años, cuando en 1993 accedió a los deseos del equipo de Los Cachorros, en su ciudad. Un año después sus condiciones no pasaron por alto para los miembros de la Federación de la República Dominicana, que reclamaron su presencia para el Campeonato Continental.

Desde entonces muchas cosas han cambiado en un equipo forjado a base de contratiempos que con el paso de los años ha conseguido marginar el vacío que perseguía a este deporte en su país para apuntarlo a las grandes citas. Milagros Cabral ya es conocida en el Mundial, estuvo en la cita alemana del 2002, donde las dominicanas terminaron en el decimotercer puesto. Y también el la Copa del Mundo del pasado curso. Ya es una habitual en las citas continentales con su selección cuya camiseta, a su edad, ya ha vestido en doscientas cincuenta ocasiones.

La atacante dominicana no ha faltado a ninguno de los momentos estelares que su equipo nacional ha saboreado en los tiempos recientes. Incluida la explosión máxima en los Juegos Panamericanos de Santo Domingo, donde se colgó el oro tras doblegar en la final a la hasta entonces inaccesible Cuba.

Los renglones iniciales de la nueva historia que lidera Milagros Cabral fueron aquellos. La dominicana ya no es una revelación para nadie y empieza a asimilar los condicionamientos de una estrella:

marcajes estrechos de sus rivales, el acoso de los medios de comunicación tras cada partido y el apabullante cariño de un público entregado.

La jugadora de Santo Domingo ha traspasado la frontera deportiva y su imagen ha ido más allá de las canchas. Especialmente cuando fue contratada por el Módena, uno de los grandes de la Liga Italiana, la más importante del Mundo.

Pero Milagros Cabral parece no estar todavía acostumbrada a ser una figura famosa. Todavía se ruboriza y tapa con una amplia sonrisa el sonrojo que la delata. "Siempre fui muy soñadora y pensaba en ser reconocida por mi trabajo. Nada más". EFE apa/jm

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Terra/EFE

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