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BOXEO-MEXICO

Ultiminio Ramos: "Me encantaba comer perejil"

27/08/2004 - 23:35(GMT)

Por Gustavo Borges México, 26 ago (EFE)- A los 63 años, Ultiminio Ramos, uno de los mejores boxeadores latinoamericanos de la historia, sigue alardeando de ser un tipo distinto, por haber sido el único campeón mundial que viajaba a la casa de sus rivales y allí los derrotaba.

"Eso sólo lo hacía Ultiminio Ramos, que soy yo", asegura el moreno nacido en la provincia cubana de Matanzas, pero radicado en México desde 1959.

Como en los tiempos en que su derecha era de las más demoledoras del boxeo mundial, Ultiminio sigue cuidando detalles que lo marcaron como un hombre especial fuera del ring; siempre viste de traje con corbata y mantiene la gracia de jerga cubano-mexicana coloreada con algunas palabras en inglés como "champion".

Ahora lleva un traje azul con una camisa blanca, habla alto como los de su tierra de origen y califica de gran aventura el hecho de ser el protagonista de la película sobre su vida, que comenzará a filmarse en estos días.

"Champion, me imagino viajando otra vez a Japón y al barrio Simpson allá en Matanzas, ese barrio era bravo, allí había que ser duro para sobrevivir, pero después formamos una pandilla para defender a los viejos", asegura.

El boxeador retirado y el escritor Elio Ruíz recorrerán una decena de países para reconstruir la historia de Ramos desde que debutó como pugilista el 5 de abril de 1957, en La Habana, donde venció por nocáut a René Arce.

Fue uno de los días más lindos de su vida porque minutos antes de la pelea recibió la noticia de que había nacido su hijo Lázaro y eso le sirvió para acabar en dos asaltos con su oponente.

"De aquello hace un carretón de años, yo vivía en Herradura, un barrio de la provincia de Pinar del Río, y me mandaron un telegrama para decirme que ya era papá". recuerda.

Expresivo como es, Ultiminio cambia el rostro cuando memoriza algunos pasajes duros de su vida. Asegura que le había prometido a su padre ser campeón mundial y, para lograrlo, sufrió mucho porque debió salir de su país, donde está prohibido el deporte profesional.

"Lo dejé todo atrás, no veo a mis hijos hace 42 años, todo lo sacrifiqué para cumplir mi sueño", recuerda el boxeador que ganó 55 peleas, 40 por nocáut, empató tres y perdió ocho.

La leyenda de "Sugar" Ramos estuvo a punto de terminar apenas en el comienzo, el 8 de noviembre de 1959, cuando derrotó por nocáut en 10 asaltos a "José "El Tigre" Blanco, y el púgil murió horas después.

"No quería pelear más, pero la familia del "Tigre" me decía que mi destino era seguir hasta ser campeón. A partir de ahí, perdí el miedo de arrancarle la cabeza a los contrarios", asegura.

Lo dice en broma, pero su derecha fue mortal una vez más, el 21 de marzo de 1963 en Los Angeles, donde conquistó su primer título mundial, en la división pluma contra el estadounidense Davey Moore, quien falleció a consecuencia de los golpes.

Luego defendió la faja ante Rafu King y Mitsunori Seki, hasta que Vicente Zaldivar lo noqueó en septiembre de 1964.

Los tiempos de ahora, en los que el boxeo se ha hecho más humano, son un poco extraños para Ultiminio Ramos; él era de otra raza, acostumbrado a ir encima de su rival sin importar recibir golpes.

"Me encantaba comer perejil, champion; yo pegaba como loco, esquivaba como loco y aguantaba como loco, tengo una sola cicatriz en la cara, me la hizo Carlos Ortíz, en El Toreo de Cuatro Caminos (plaza de toros), en la Ciudad de México", comenta.

Ortíz es uno de los boxeadores que espera visitar para filmar la película que debe estar terminada en el verano de 2005; Ultiminio lo buscará en Nueva York y luego irá a España a por José Legrá y a Cuba, con la motivación de hacer un viaje a su origen.

"Iré con mi hijo mexicano para que conozca a sus hermanos. Será muy emocionante, imagínate, ya tengo bisnietos y todo", razona.

Conversador hasta el cansancio, Ramos es un generador de anécdotas simpáticas, se ríe y recuerda que nunca le pedía suerte a Dios porque a lo mejor el rival lo hacía también y podía meter al "creador" en un problema.

"Yo mejor le pedía a los Santos, a mi San Lázaro, a mi Changó, a mi Obatalá y a toda esa gente (imágenes de santería); les pedía suerte", comenta, mientras destaca su respeto por esas deidades africanas, veneradas en Cuba.

Dice que todo eso tendrá que aparecer en la película, porque se va a encargar de que las historias hablen de los días divinos, de los grandes triunfos y también de cuando lloraba.

"Los hombres también lloran, campeón, si el hombre no llora no tiene escape", dice y da un toque de humanidad a su leyenda. EFE GB/cmm

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Terra/EFE

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