'El temor sigue existiendo': Romano
El entrenador argentino del club mexicano Cruz Azul, Rubén Romano, reconoció que a mes y medio de haber sido liberado por sus secuestradores, aún sufre los traumas que le provocó el cautiverio que padeció durante 65 días.
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Rubén Omar RomanoNTX
06/NOV/05- En entrevista con el diario argentino Clarín, publicada este domingo, el estratega explicó que ya ha vuelto a tener actividades sociales en el Distrito Federal, en donde vive desde hace 25 años con su familia.
Después del secuestro, que concluyó el 21 de septiembre, Romano explicó que "fuimos al cine, a cenar, porque tenés que enfrentar las cosas. Si te hundís o te encerrás o vivís con miedo toda la vida no sirve. Y hoy más que nunca quiero vivir intensamente".
Pese esa convicción, el entrenador admitió que el tema del secuestro aún no está superado, "pero tratamos de salir adelante, de vivir sin temores, aunque realmente aún existen (los traumas); poco a poco esto se va a ir diluyendo".
Añadió que el temor sigue existiendo, por lo cual contrató a dos guardaespaldas y viaja en un auto blindado.
Aseguró además que todavía toma pastillas para poder dormir por el insomnio que padece desde que fue liberado, aunque ahora ya sólo ingiere uno y no los tres miligramos que consumía en sus primeros días de liberación.
María del Pilar Campos, esposa del entrenador, explicó por su lado que dos de sus hijas perdieron el semestre en la universidad porque decidieron afrontar con ella la espera de la liberación de Romano.
"Decidieron quedarse conmigo para ver qué pasaba. Ahora, como no van a la universidad, se quedan con nosotros. En enero veremos, por lo pronto las disfrutamos", señaló.
Campos agregó que este episodio de su vida "fue tremendo. Es algo que uno no se espera porque no sabe a qué se enfrenta. Uno sabe de secuestros pero nunca sabe cómo se trata un secuestro. Yo no sabía que había negociaciones".
Reconoció que "si a mí me hubiesen hablado los secuestradores el día que yo estaba en la Argentina, de pronto uno se compromete. Pero aquí es otra cosa. Hay que ser calmo. Ahora sí que aprendí lo que es la paciencia".
Hubo días en que les dijo a sus hijas que no podía más, recordó, "no quería seguir. Pero ellas me decían "mamá, qué otra nos queda?". Había que esperar. No había tiempos".
Explicó que empezó a sentirse "muy mal, eran ataques de pánico, y estuve unos días internada. Era tanto el estrés que no lo podía manejar. Entonces los electros salían mal, los niveles sanguíneos daban mal, todo el cuerpo estaba alterado".
La única manera de controlarse, dijo Campos, "o de al menos dormir, fue estar todo el tiempo medicada".
Terra/Notimex


