Avanza, el béisbol mexicano
Por Jesús Alberto Rubio
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(Primera de dos partes)
A punto de salir hacia Querétaro en el aeropuerto internacional de Hermosillo, el gran Ronnie Camacho me concedió esta entrevista que por su alto valor de inmediato comparto con usted.
Ronnie: ¿Haciendo una retrospectiva en el tiempo, qué evaluación puedes hacer del desarrollo del béisbol y del pelotero en la Liga Mexicana de Béisbol?
“Hablando de nuestra época, la de los 60´y 70´s con el béisbol, actual, te diré que es mucha la diferencia y afortunadamente se ha dado un cambio en lo administrativo, en lo deportivo en la infraestructura deportiva en todos sus aspectos. Cuando jugábamos en aquellos años, los parques eran un algo incómodos, con poca luz; la visibilidad era prácticamente nula en algunos de ellos y la organización también dejaba mucho que desear.
Después se vinieron problemas donde los jugadores quisieron formar una asociación de peloteros. Precisamente por el mal sistema que existía hacíamos viajes de cuarenta y tantas horas hasta Yucatán para jugar el mismo día –imagínate, llegábamos al medio día para jugar en la noche– y además, las dietas para los jugadores eran bajas, totalmente, sin que nos alcanzara el dinero.
Todo eso se fue juntando y llegó la inconformidad de todos nosotros los jugadores; sin embargo todo quedó en proyecto porque nos amenazaron para que nos fuéramos del béisbol si no acatábamos las disposiciones de ellos cuando estábamos en plenitud de facultades.
Pero entonces llegó la etapa moderna; vinieron los bonos por firmar con sueldos estratosféricos a comparación con lo que nosotros ganábamos –antes ocho mil pesos era un dineral– sin embargo, muy pocos llegamos a ganarlos (Ahora ocho mil pesos parecer ser que lo gana el bat boy del equipo). Ahora hay mas dinero para las dietas, los parques son modernos con excelente visibilidad y veo también que tienen hasta uniforme para las prácticas. O sea, hoy está muy bien organizado el béisbol actual; le están dando su lugar al pelotero mexicano.
Claro, claro, esto no es suficiente porque sabes bien que el pelotero mexicano; la vida en los campos, en el deporte, es muy corta y si tu le das más comodidad para poder ejercer sus facultades, puedes entonces afirmar que puede durar más tiempo.
Ahora bien, te voy a decir algo: Las ventas de los contratos a los equipos de Grandes Ligas sería algo muy recomendable para que el jugador gozara de una bonificación porque de acuerdo con la ley tiene que percibir determinado por ciento. Esto un no sucedía así en el pasado. Antes te vendían y después te decían que ibas a reclamar algún dinero y que habían vendido en un cambio al jugador. Te engañaban y eso no se vale porque los jugadores a fin de cuentas son lo que llenan los estadios.
Me acuerdo cuando competía con los jonroneros Domingo Carrasquel o Héctor Espino: llenábamos los parques antes de los juegos oficiales del rol de práctica; era una promoción que hacían a costillas nuestras y sin embargo te daban tres camisas Manchester y dos mil pesos que regalaba la firma fabricante de pelotas Spalding…y ahora no hay nada de eso.
Y, te repito, los estadios se llenaban pero no te estimulaban. Incluso, ahora tampoco he visto que haya competencia de jonrones, salvo en los Juegos de Estrellas que se llevan a efectuar.
Hay otro dato importante, fíjate: En nuestra época contaba mucho la inclusión del jugador extranjero. Había doce por equipo y los mexicanos que jugábamos éramos muy pocos y teníamos “rajárnoslas” ahí para poder conservar el trabajo. Esto no sucede así ahora. Hoy se tiene más peloteros mexicanos de buena calidad; hay pocos extranjeros y esto es algo muy positivo para el desarrollo del talento nacional y nuestro béisbol.
Y es que el pelotero extranjero que viene, realmente poco enseña y sí en cambio se lleva buen dinero. Antes sí lográbamos nosotros captar de ellos muchas cosas, aprendíamos mucho de aquellos grandes que llegaron, como Al Pinkston, Bobby Prescot, Orestes “Minnie” Miñoso, Alonso Perry, Marvin “La Coqueta” Williams, por citarte algunos. Esos jugadores aportaban sus conocimientos a lo jugadores mexicanos que eran nuevos en la liga.
Sin embargo, ahora veo que veo que llegan jugadores, que deben batear aquí porque lógicamente vienen de un mejor béisbol, sin embargo ya vienen de 35 años en adelante y pues ya no es lo mismo, salvo excepciones.
Mira, todo esto quiere decir que la Liga Liga Mexicana ha bajado su calidad en nivel de competencia en el terreno de juego, pero ha subido en la cuestión de organización en muchos aspectos, dándosele hoy más apoyo y comodidad al jugador mexicano”.
Eres uno de los más grandes jonroneros mexicanos de todos los tiempos. ¿Qué te dejó esta experiencia?
“Mira, me siento muy orgulloso el haber logrado lo que se hizo y mi trayectoria tanto en el circuito de verano como desde los inicios de la Liga de Béisbol Invernal de Sonora. Y valió la pena por muchos motivos.
Primero, yo me tracé una meta cuando llegué de Ligas Menores de EU a jugar en la Liga Mexicana con los Tecolotes de Nuevo Laredo. Venía con la idea de triunfar y de ser alguien en el deporte profesional y, afortunadamente, me fue bien pero todo ello a base de esfuerzo, de pasar muchas amarguras, “quitar piedras” en el camino. Llegué gracias a Dios y con las facultades plenas me retiré también.
Me dices de los jonrones. Bueno, el asunto es interesante. Por ejemplo, en 1963 superé los récords de Angel Castro; el de Felipe Montemayor, que era de 17 jonrones desde la Liga de la Costa del Pacífico y el de Miguel Becerril Fernández.
La marca la superé en Navojoa, eso si me acuerdo, porque la gente me dio una ovación muy ensordecedora cuando anunciaron que con el jonrón 18 acababa de superar a Felipe Montemayor y de Becerril Fernández.
Eso fue el inicio de lo que vendría después en ese invierno porque ya traía el récord de los 39 jonrones en ese mismo año; entonces la responsabilidad era muy grande para mi, principalmente porque jugaba para los Rieleros de Empalme, imagínate jugar para tus propios paisanos. Esa campaña fue cuando impuse la marca de 27 que luego empató Bobby Darwin, con los Naranjeros de Hermosillo.
Ese cuadrangular 18 fue por ahí en el mes de noviembre del 63 en el estadio de Navojoa y frente al pitcheo de Tony Dicochea.
Ronnie Camacho recordó que en el 64 vendría Héctor Espino a pegar 46, que fue la marca por muchos años, hasta que Jack Pierce impuso la nueva, de 54.
“En esa campaña del 64 di 35, me quede corto, con una lucha muy intensa con Bobby Prescot, de Poza Rica y Domingo Carrasquel, de Reynosa. Fue una dura batalla la que tuvimos contra Espino.
Después ya vinieron otras épocas con jonroneros como Alejandro Ortiz, Andrés Mora y el último, Nelson Barrera , quien finalmente superó a Espino en cuadrangulares de por vida.
Y quiero decirte también algo al respecto porque mucho se habla de ello: no importa el tipo de pelota porque primero que nada… ¡hay que darle para que se vaya!
En realidad, Jesús, todo esto, mi trayectoria en el béisbol mexicano, fue como un sueño que lo pude realizar con mi actuación y mi disciplina deportiva. Me cuide demasiado para llegar al lugar en donde estoy.
Mañana, el capítulo del por qué no dio el salto a Ligas Mayores, entre otros aspectos del todo interesantes en torno al gran Rolando “Ronnie” Camacho, todo un personaje del béisbol. Enhorabuena.
Las Grandes Ligas.com


