Las tracas eran amarillas
29/10/2006 - 17:09(GMT)
Fernando Castán Cheste (Valencia), 29 oct (EFE)- Las tracas que tradicionalmente explotan en el circuito Ricardo Tormo, y en los tres grandes premios de motociclismo que se disputan en España, estaban listas, pero eran amarillas, el color del italiano Valentino Rossi (Yamaha).
Nadie o casi nadie había previsto que fuera el estadounidense Nicky Hayden (Honda) el que saliera del circuito Ricardo Tormo de Cheste, en Valencia, con el título de campeón del mundo.
Todo estaba preparado para que el italiano viviera una de sus muchas jornadas de gloria, miles de aficionados de su país se habían desplazado para animarle, otros miles de seguidores españoles llenaban las gradas del recinto con pancartas de apoyo, pero fue el propio Rossi el que fastidió la celebración con su caída en la quinta vuelta.
Mientras todos en los garajes del equipo oficial Repsol Honda celebraban al término de la carrera el fin del calvario de su piloto en las últimas semanas, sobre todo a raíz de la caída provocada por el español Dani Pedrosa, su compañero de equipo, en el Gran Premio de Portugal y que le dejó prácticamente descartado para ganar el campeonato.
Entre los seguidores del americano destacaba su familia, encabezada por su padre, Earl, todo afición; su madre, Rose Mary; y sus hermanos Jennifer, Tomy y Roger. Earl fue piloto e inició a sus tres hijos varones en el motociclismo desde que eran pequeños. Hoy ha recibido la recompensa a sus esfuerzos.
La familia Hayden, desplazada a Europa para ver los dos últimos grandes premios, nunca había pasado tantos nervios fuera de su casa.
Las cámaras enfocaban a Earl y Rose Mary en las últimas vueltas de su hijo Nicky sobre la Honda camino del título, con los dedos cruzados, la perilla del padre contra el muro del circuito, rezando.
Cerca de ellos, uno de los norteamericanos más famosos del mundo, nada más y nada menos, que Michael Jordan, seis anillos de la NBA y la medalla de oro con los Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992.
Jordan, gran aficionado a las motos, llevaba dos días por el circuito y se había declarado, cómo no, a favor de su compatriota.
La estrella de la NBA se quedó tranquila: presenció el triunfo de un piloto de los Estados Unidos, que no ganaba un título que dominaron en los setenta y los ochenta, y que no se llevaban desde el año 2000, cuando Kenny Roberts júnior condujo su Suzuki al título de 500 c.c..
Tras la carrera, Hayden enloqueció; le dio igual que las tracas y las gradas fueran amarillas, que hubiera más banderas italianas que norteamericanas. Dio las gracias a Dios sobre su máquina y paseó la enseña de las barras y las estrellas. Y, de repente, como por arte de magia, el circuito se volvió suyo. EFE fc/jl
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