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MEX/JUGUETE-AUTOCTONO 

Juegos autóctonos alimentan capacidades lúdicas del niño indígena.

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04/01/2007 - 16:19(EST)

Por Luis Carlos Sánchez México, 4 Ene (Notimex)- Aunque en la gran mayoría de las poblaciones indígenas del país, el Día de Reyes no es una tradición arraigada, los niños y niñas de estas poblaciones cuentan con unos 93 juegos y divertimentos autóctonos y tradicionales para desarrollar sus capacidades lúdicas y creativas.

Historia continua abajo

De acuerdo con Armando Padilla, vicepresidente de la Federación Mexicana de Juegos y Deportes Autóctonos y Tradicionales, a lo largo de la República Mexicana, infantes triquis, tarahumaras, chontales, nahuas, mayas, tzetzales y de otras etnias indígenas que viven en 12 mil localidades del país, reinventan su mundo a través del juego.

Dentro de las comunidades, explicó a Notimex, "han sobrevivido muchos juegos que todavía son practicados por niños y niñas", que según su registro suman alrededor de 93 juegos, aunque existen muchos más que no se conocen y están por ahí.

Agrupados en juegos lúdicos y en aquellos que son de destreza mental, el especialista comentó que las actividades de divertimento entre los pequeños indígenas se distinguen en dos categorías que incluyen los de origen autóctono, creados al interior de las propias comunidades y otros más tradicionales, producto de la mezcla que se dio a partir de la llegada de los españoles a estas tierras.

Entre los segundos, por ejemplo, se incluye al juguete mexicano, tal es el caso del balero, el trompo, el papalote (cuyo origen primero se da en China) o los juegos de mesa, como la lotería, la oca, las serpientes y escaleras, el memorama y la matatena.

Sin embargo, entre los más pequeños de estas regiones (muchas veces apartadas de todo sincretismo) sobreviven múltiples juegos que en un primer momento son simples objetos o implementos, "que si no pasa a las manos del niño, simplemente no hay juego".

Y es que para Padilla, el implemento toma forma cuando pasa a las manos del niño para que juegue, la parte fundamental es el juego, porque es el espacio donde se tejen emociones, risas, alegrías y diversión, y en algunos casos, el juego invita a la mente a reflexionar a concentrase para diseñar y construir estrategias.

Aunque en algunos de estos divertimentos no existe un objeto como tal, el juego es una actividad que desarrolla la mente del niño y lo lleva a socializar, entenderse con el mundo, incorporarse a la vida y tomar conciencia de su ser, consideró.

Por ejemplo, agregó, en la región maya que incluye los estados de Campeche, Yucatán, Quintana Roo y Chiapas, "encontramos una diversidad de juegos que podemos decir que son autóctonos y otros tradicionales", como el Tah Culix y la Garrapata Maya o Pech.

Sigue.

Juegos autóctonos/dos/Pech Otros estados donde abundan los juegos autóctonos son Guerrero, la sierra chichimeca de Guanajuato, San Luis Potosí con su huasteca o en Chihuahua, entre los niños tarahuamaras.

Los orígenes del juego netamente mexicano, agregó Padilla, se pierden en la historia y "prácticamente no hay muchos hallazgos arqueológicos que hablen de estas manifestaciones".

Algunas muñequitas de barro articuladas y ensambladas de brazos y piernas en el altiplano central, otras figurillas de perros xoloxcuincle con ruedas de la cultura náhuatl o unos gemelitos de barro sentadas en un columpio, podrían significar evidencias de juego de los antepasados.

Sin embargo, también podría tratarse de simples artefactos artesanales o decorativos, pues antes que nada, entre los indígenas existe una natural forma de implementar las necesidades primeras y entre los niños el juego es una de ellas, de ahí que se dé una utilidad lúdica a los implementos, comentó Padilla. Este, dijo, es un proceso de enseñanza aprendizaje que se da a través de la tradición, la palabra, la imitación y la práctica, y deviene del abuelo al padre y de los padres a los hijos.

Así, entre los niños indígenas existen juegos como el Trompo de Cuarta o Kuachancaca, que se práctica en la región sur de la Huasteca Potosina, en las comunidades de Picholco, Tancuilin, La Providencia y La Peñita. En este caso se requiere un espacio plano y liso para que el pilón o trompo gire sin obstáculos en un mínimo de cinco metros. Este consiste en lanzar con un chirrión (cinto) enrollado previamente al pilón de madera y hacerlo girar a través de golpes dados con dicho chirrión; en él participan varias personas y gana el que mantenga más tiempo girando su kuachankaka o trompo, aunque también se puede practicar de manera individual.

Los tarahumaras, por su parte, juegan el Chilillo, para el cual se requiere un tablero de madera en el que se trazan las casillas ahuecando la madera de modo que entren en ellas la mitad de 24 canicas de cuatro colores diferentes.

Otros son el juego del patolli, el del quince o Romayá, los palillos, los palillos que suenan o K uilichi Chanakua, la pitarra, la pitarrita o el Tembini Iumu o quince.

Todos estos juegos son una muestra de que a pesar de que en la mayoría de las comunidades indígenas de México no se acostumbra regalar juguetes a los niños el 6 de enero; las risas, la imaginación, el aprendizaje y el divertimento a través del juego no está fuera del alcance de ningún corazón infantil.

Terra/Notimex

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