Menchov, el rey de la Vuelta que sueña con el trono del Tour
23/09/2007 - 15:39(GMT)
Madrid, 23 sep (EFE)- Denis Menchov (Orel, Rusia, 29 años) tuvo algo que celebrar junto a La Cibeles, como el Real Madrid, pero sin tantas alharacas: su primera gran Vuelta en la carretera.
La primera, la de 2005, le llegó vía laboratorio unos meses después, un éxito que le consagra después de un largo camino desde la fría Rusia hasta Navarra, donde se formó como profesional en la factoría Echavarri del Banesto, el equipo que le descubrió en una prueba aficionada en los Pirineos.
Menchov ya ha encargado el marco para colgar de la pared de su casa, en Mutilva, el segundo maillot oro de la Vuelta, para orgullo de su mujer, Ana, y de su hijo Iván, que tiene cuatro años. Un adorno especial, que esta vez a podido celebrar con sus compañeros y amigos, "in situ", en el podio, junto a la carretera. La vez anterior hizo falta que un laboratorio bajara del pedestal al español Roberto Heras, por tramposo.
El campeón de la Vuelta dedicó la Vuelta a su familia, "que es lo más importante". Ni una mención a los que le descubrieron como un diamante en bruto en una carrera de aficionados en los Pirineos franceses. "Todas las personas que me he encontrado en mi vida profesional han sido importantes", dijo este ruso de carácter inexpresivo, poco hablador, que se defiende con dificultades en cuanto le rodean unos cuantos micrófonos. "Se trata de una persona tímida que solo se abre con la gente que conoce", asegura su compañero Pedro Horrillo, su compañero de habitación.
La primera persona que se fijó en Menchov fue Francis Lafargue, relaciones públicas de José Miguel Echavarri en el Banesto. Fue en 1998, en La Ronde de L'Isard, la prueba de aficionados más dura del calendario francés, la cual se apunto el ruso. "Enseguida vi su clase en el primer en un ascenso", dice Francis.
El informe no cayó en saco roto. Hubo que negociar con su club, el CSKA de Moscú, por el traspaso. Esta entidad se subió a la parra con una exigencia de 20 millones. Al final un apretón de manos y medio millón de las antiguas pesetas en material permitieron a Menchov presentarse en la Residencia Larrabide, sede de la "factoría" Echavarri-Unzue" en 1999.
No tardó Menchov en mostrar su arte sobre una bicicleta. Ese año ganó la Vuelta a Albacete y fue segundo por delante de Iban Mayo en la Vuelta al Bidaoa. En 2000 ya tenía ficha profesional. Fue la primera gran estación a la que llegó el de Orel, una ciudad agrícola situada a 350 kilómetros de Moscú.
Se confirmaba lo que ya dejó entrever el joven Menchov que a los 12 años ganó una contrarreloj de 5 kms. Luego ganó el campeonato nacional juvenil y las autoridades rusas le apuntaron al ciclismo.
Se perfiló el futuro de un deportista que hacía sus pinitos en el fútbol, la natación y el esquí de fondo, una buena base para la bicicleta.
Menchov se presentó en la alta sociedad del ciclismo con su triunfo en el Tour del Porvenir de 2001. Tenía pinta de hombre-Tour y en el Banesto se frotaban las manos. Las expectativas se dispararon dos años después al proclamarse mejor joven de la "Grande boucle". Nadie le podía parar y ya soñaban en el equipo navarro con el sustituto del gran Miguel Indurain. En 2004 terminó de explotar con un triunfo de etapa en la París-Niza y la general de la Vuelta al País Vasco.
Ese año voló del Banesto. El dinero se presentó en catarata con una oferta del Rabobank de esas que marean a cualquiera. El poder del metal interrumpió el sueño de Echavarri. "Fue un fastidio que se fuera", recuerda Unzue.
En 2005 llegó el primer examen serio en el Tour, y el primer chasco. Menchov terminó la aventura francesa a más de dos horas del estadounidense Lance Armstrong. Suspenso en julio, se la tenía que jugar en septiembre. Se marchó a Orel a reflexionar, se recluyó y cargó las pilas.
Ya en la Vuelta se presentó con el maillot oro en la Colladiella, puerto asturiano que marcó su vida y le cambió el carácter, según indican algunos de sus allegados.
Aquel día Menchov fue presa de una emboscada de todo el equipo Liberty de Manolo Saiz y Roberto Heras le despojó, casi de forma humillante, de la prenda dorada. El destino le puso en su sitio. El positivo de Heras le nombró vencedor de aquella edición. No disfrutó del podio, ni del himno de su país en Madrid, pero la organización le entregó el maillot oro en los prolegómenos de la Vuelta 2006, en Málaga.
De nuevo la prueba de fuego en el Tour 2006, año en que estrenó su palmarés con una brillante victoria en Plateau de Beille, cerca de donde fue descubierto por Lafargue. Acabó sexto en París y en la Vuelta ni siquiera llegó a la capital. Año para la duda.
El Tour 2007, inolvidable por el escándalo que acabó con la exclusión de su compañero del Rabobank, el líder danés Michael Rasmussen, tampoco sirvió para que Menchov consiguiera el doctorado en la carrera donde, según su ex director José Miguel Echavarri, "se consigue el carnet de ciclista". Se retiró un día después de que el Rabobank recibiera por la noche en su hotel la visita de la policía.
Otra vez la llamada de la reflexión. Otra vez a justificar la temporada a una carta. La de la Vuelta. Esta vez no hubo duda desde bien pronto, desde que en la cronometrada de Zaragoza, en la octava etapa, dejó claro que era el favorito.
En Cerler se vistió de líder, y ya hasta Madrid. Maillot oro labrado en la carretera, de verdad. Sus rivales le reconocieron como el más fuerte y justo vencedor. Junto a Cibeles encargó el segundo marco. En alguna pared de su casa tendrá un hueco para recordar el éxito más importante de su vida profesional. EFE soc/mlm.
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