Un funeral a ritmo de "olé" que ahonda en la leyenda negra danesa
13/10/2007 - 19:59(GMT)
Aarhus (Dinamarca), 13 oct (EFE)- A ritmo de "olé", de palmas y de bombo, España vivió una fiesta en el estadio NRGi Park de Aarhus, donde 500 personas enterraron los sueños de más de 20.000 daneses que vivieron una larga agonía de casi una hora, un funeral con su enemigo más odiado como verdugo: el "malvado" español.
Ni el cambio de escenario, obligado por la sanción del estadio
nacional Parken, ni de caras, ni las celebraciones previas, ni la
inclusión de un jugador de apellido Pérez pero nombre danés:
Dinamarca no puede escapar a su leyenda negra.
Música, con algún guiño español -el "Aserejé" de Las Ketchup, que Joaquín acompañó con un bailoteó improvisado durante el calentamiento-, y la actuación de dudoso gusto de las "cheerleaders" ayudaron a ir calentando el ambiente en una fría noche.
La salida de los dos equipos al campo, animada por el popular "Somos rojos, somos blancos", espoleó al público local, que mantuvo un silencio respetuoso con el himno español y estalló extasiado cuando le tocó el turno al suyo, que cantó a viva voz sin acompañamiento musical, el estadio cubierto de miles de banderas danesas de todos los tamaños.
La actitud medrosa con la que Dinamarca salió al campo contagió a las gradas, donde la hinchada local se fue apagando con el paso de los minutos y de los goles en contra.
El primer tanto de Tamudo hizo mella en el público, que sólo reaccionó en contadas ocasiones -como en el penalti no pitado por claras manos de Cesc-, acabó por callarse definitivamente con el golazo de Ramos y despidió a su equipo con masivos pitos.
El medio millar de hinchas españoles presentes en el estadio de Aarhus, la mayoría de ellos estudiantes Erasmus, se hicieron notar desde el principio y terminaron por protagonizar un monólogo con gritos de "olé" y "es danés el que no bote".
Que Dinamarca veía el partido imposible se pudo ver tras el descanso: apenas unos pocos aplausos saludaron su salida al campo, en la que la indiferencia fue la tónica general.
Las numerosas ocasiones que encadenaron los daneses al inicio del segundo tiempo provocaron un conato de reacción en las gradas, pero se quedó en eso, porque los daneses no fueron capaces de romper su maleficio particular con España.
Una y otra vez se estrellaron contra la defensa, Casillas e incluso el palo.
El gol de Tomasson abrió la puerta al improbable milagro, pero la esperanza duró apenas un minuto, el que tardó Riera en certificar el entierro danés y adornar la fiesta de España, que acabó despedida con "olés" y con pie y medio en la Eurocopa. EFE alc/jad-arh
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