Brasil 2014: Un Mundial, una oportunidad y mil parias
El controvertido Comité Ejecutivo de la FIFA acordó proclamar – de manera unánime-, un 30 de octubre, a Brasil como sede del Campeonato Mundial de fútbol a disputarse en 2014. . Nuestro continente debería ser un único grito festivo, sin embargo: ¿Es el momento, a nivel socioeconómico, para albergar tal evento? ¿Y qué hay con la envidia? Puntos de reflexión en medio de tanta algarabía cegadora.
Dijo Michel Platini, presidente de la UEFA: “Ir a Brasil es como peregrinar a Jerusalén, Santiago o La Meca”. Eso es cierto, ya que sin dudas, y lejos de meternos en discusiones vanas y obsoletas el país más grande de Sudamérica es también el que más le ha dado al fútbol. Sin embargo, podríamos también parodiar a Platini, y con una mirada un poco más compleja y fría, enunciar: “Ir a Brasil es como bañarse en champagne delante de los tristes ojos de chicos desnutridos y familiares de los inocentes masacrados en las guerras de favelas, o batallas entre narcos”.
Seguro es duro aceptarlo, y difícil de pensarlo ahora, en este momento, sublime y sagrado para los amantes del fútbol, fieles a la “redonda”, desde México a la Argentina. Pero la realidad en nuestra Latinoamérica es una sola y conocida, la sentimos y probamos su amargo sabor cada día.
El mensaje hipócrita renace cada día en todo ámbito, y en este caso, sale de boca de grandes personajes, queridos y respetados, personajes del fútbol, con todo lo que eso significa. En un claro ejemplo, Romario, excelente futbolista carioca e ídolo de muchos declaró: “Demostraremos que no somos un país violento”. Claro está, sabe bien que no es así, por el simple hecho de haberse criado en una favela, donde el “vivir o morir” se resuelve a cada hora.
En otra triste muestra gratis de inútil defensa y tras la pregunta de una corresponsal extranjera acerca de los altos índices de violencia reflejados en Brasil, el presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) Ricardo Teixeira respondió: "El problema de la violencia es un problema internacional. Ocurren cosas horribles en todos los países”. Un paragüas muy recurrido el que optó por abrir Teixeira. Sin embargo, ese tipo de “cosas horribles” suceden todos los días en Brasil (y en toda Latinoamérica), a diferencia de los países de primer mundo -donde esos casos aberrantes son aislados-, aptos para organizar este tipo de eventos, con riesgos, seguro, pero aptos en fin a nivel económico, social y cultural.
Algún diario brasilero tituló: "La Copa es nuestra, ahora faltan los aeropuertos, los estadios...", en otro se leía; "La misión es transformar al país en el oasis relatado por la FIFA”. Seguro, todo esto pasará. Ahora bien, dos puntos de reflexión: el sistema aéreo, las carreteras seguras, los trenes y calles prometidas a futuro por el presidente Lula. ¿Por qué ahora y no antes? ¿Por qué el apuro por demostrarle al mundo y no empezar por cumplir con su gente en cuotas?. Y segundo ítem, 6.000 millones de dólares para cubrir todas las necesidades de aquí hasta que se alce el telón de la Copa. Cifra sumamente impactante, pero aún más dolorosa si se piensa en otro tipo de necesidades, esas que tienen carácter de urgencia.
Para variar, y saltando de los temas más crudos encontramos otro punto negro, repudiable y odioso, “la envidia” y los “resentimientos”. En medio de infinito clamor y con tanto por decir, a Lula, carismático presidente del Brasil, sólo se le cruzó por la cabeza esbozar un pálido: “Vamos a organizar un Mundial que ningún argentino podrá criticar”. ¿Y con eso qué?¿Era necesario?¿No sería más sensato tender la mano en vez de meter el pie para agitar el hormiguero?...Triste, sobre todo si viene de uno de los dirigentes más influyentes de nuestra América contemporánea.
La decisión está tomada y todos los amantes del fútbol estarán analizando la manera de estar en el Mundial quizá más esperado. Brasil 2014 no será uno más, y aunque pensándolo sin hipocresía nos deje un sabor agridulce, difícil de digerir en algunos casos, también cuenta como la gran oportunidad para unir nuestras manos, de la manera que históricamente ha sido más práctica, aquella casi infalible, que logró paz en territorios de suma hostilidad, por eso y mucho más, sin posibilidades de volver atrás, aprovechemos la oportunidad, HAGAMOS FÚTBOL.
Federico Cornali - ¿Te gustó la nota? Cuéntale tu opinión al columnista

(Getty Images)

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