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FRANK PEÑA 

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Críticas al narrador de Beisbol

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10/12/2007 - 21:08(EST)

Por: Prof. Frank Peña



Desde el instante en que se transmitió el primer partido de béisbol por radio surgieron controversias y ácidas críticas para los narradores.

Historia continua abajo

En parte, las disputas se han producido durante casi 100 años porque cada fanático, jugador o dueño tiene su particular opinión acerca de cómo debe ser el trabajo del narrador de béisbol.

Pero, en la mayoría de los casos los comentarios desfavorables han surgido porque el narrador desconoce la esencia y la naturaleza de su trabajo.

Lo primero que un narrador de béisbol tiene que entender es que el protagonista y foco de atención de una narración es el juego, y no el locutor. A veces el narrador, dejándose llevar de su supuesta grandeza, deja a un lado la descripción del evento para hablar maravillas de su persona.

El deber principal del narrador es ser los ojos de los oyentes que no han asistido al parque, y por eso tiene la obligación de describir con su voz el desarrollo del encuentro en forma detallada, veraz y lo más completa posible.

Si el oyente prende el radio para escuchar béisbol, eso merece respeto. Se pierde la prudencia cuando el narrador se aparta del partido en desarrollo para hablar de temas ajenos al juego de pelota, como De la Hoya vs. Trinidad, el Kentucky Derby, el Circuito Náscar y la Fórmula Uno, el US Open, el Mundial de Fútbol, la NBA, la NFL, etc.

A veces la descripción del juego es colocada en segundo plano para el narrador mostrarse soberbio, decir que él es un personaje, a quien dueños, colegas y jugadores consultan a menudo.

Hay narradores que llegan a la osadía o atrevimiento de olvidarse del partido de pelota para saludar a cientos de amigos, para hablar de moda, de la película de estreno, del carro nuevo que poseen, de la farándula, del plato que comen en la Pequeña Habana de Miami y en la Bahía de San Francisco, o del chivo con picante y orégano en el noroeste de República Dominicana.

El narrador tiene el derecho de simpatizar por un equipo pero cuando está frente a un micrófono haciendo un trabajo pagado debe echar al zafacón esa simpatía, para convertirse en un actor que no cambia el guión del partido de béisbol en progreso, un maestro de ceremonia imparcial, y un excelente contador de historia.

Un buen narrador debe domesticar y administrar correctamente las emociones, los gritos y los silencios. Cuando la parcialidad por un equipo gobierna al locutor, su acción confunde a los oyentes que menos conocen el juego. Con la parcialidad como base, sólo se narran partidos ficticios, muy distintos a los que transcurren en el terreno.

Cuando el narrador aprende a dominar las emociones, se hace profesional y sabe cuándo hay que usar el drama real y no el inventado. El narrador que amarra la pasión por un team, aprende cuándo vocear o cerrar la boca para darle paso a la gritería de los fanáticos y a los juicios del comentarista que le acompaña.

Si un narrador trabaja para una franquicia, no podemos esperar que destaque los puntos oscuros o débiles de la novena que le paga un salario, o que no resalte los aspectos luminosos del equipo de casa. Sin embargo, debe intentar caerle bien no sólo a los fanáticos de la novena que le paga.

Poner en contra a los fanáticos que no son del equipo de casa, con una descripción deportiva distorsionada, puede resultar en menos audiencia y menos publicidad pagada. El renglón publicidad es delicado; lo producido por una cadena de radio o de televisión a veces paga la nómina completa de un equipo.

El locutor de béisbol no puede mostrar preferencia o rechazo por determinado jugador; tampoco debe usar adjetivos superlativos y frases pomposas para jugadas corrientes en el team de casa y comentarios descoloridos para excelentes trabajos de los jugadores visitantes.

Haber sido jugador ayuda a ser narrador. Pero Jaime Jarrín está en el Salón de la Fama en Cooperstown, como locutor deportivo, sin haber jugado pelota en su vida. En cambio, hay cadenas con grandes ex jugadores como empleados y son pésimos narradores.

Y, eso es así porque para uno convertirse en un narrador élite se debe trabajar duro. Hay que estudiar y dominar el idioma y cada día ir mejorando la improvisación, la modulación de la voz así como tener una excelente dicción.

Es importante saber manejar el énfasis de una frase, y usar las palabras precisas para un momento especial. Es una obligación estudiar la historia del juego, sus reglas, los grandes momentos, los lideratos y los récords; y estar al día con las noticias que aparecen en los medios de comunicación.

El narrador debe pretender ser un erudito, conocer las estadísticas básicas, saber quiénes han sido los mejores jugadores -en lo general y por cada posición-, conocer las jugadas rutinarias y, además, entender las tácticas y las estrategias complicadas.

Jamás un narrador debe hacer comentarios racialmente sensitivos y nunca mostrar inclinación por una determinada nacionalidad, porque eso genera inconformidad en la gente de otros países.

En la televisión, que es imagen y sonido a la vez, el narrador debe transformarse en analista pues por ese medio el fanático está viendo el mismo partido. En la televisión el detallismo de la radio es innecesario; para el aficionado que está frente al televisor lo más importante es el comentario sabio, certero, interesante y ameno.

En mi país República Dominicana se fundó la primera emisora radial en 1924 y, curiosamente, la primera transmisión fue la de un partido entre los Yanquis de Nueva York y los Cardenales de San Luis.

La primera transmisión radial de un juego del béisbol dominicano ocurrió en 1928 durante un encuentro entre los equipos Escogido y Licey, y el narrador fue Sergio Vicioso Peguero.

El 3 de junio de 1936 se transmitió desde San Pedro de Macorís un partido entre las Estrellas Orientales y una Selección de la ciudad de Santo Domingo. El día 4 el Listín Diario comentó dicha transmisión con una ironía mordaz. Veamos; paréntesis Frank Peña:

"Los radioescuchas (de la Capital) pasamos el domingo unos calores peores que los de la atmósfera (...) El furibundo locutor de la HI1J, transmitiendo desde el campo deportivo de Don Tetelo (Vargas) estuvo insoportablemente demasiado parcialista exagerando a su antojo, con superlativos de todos los grados, las más insignificantes jugadas de (los macorisanos) En cambio, los lances de (los capitaleños) eran vistos y transmitidos por él con las coletillas en diminutivos.

No es así que se transmite por radio. El locutor, como el ampaya, como el juez, tiene que despojarse de sus simpatías humanas y funcionar con ojos y lengua neutrales. El radioescucha no quiere que el (narrador) haga de crítico. Le pide, solamente, que vea bien, transmita bien por el micrófono lo que ha visto, y deje el juicio de la jugada al auditorio".

Frank Peña - Colaborador - Las Grandes Ligas.com

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