Pese a todo, los esteroides también salvaron al béisbol
19/12/2007 - 01:19(GMT)Las tarjetas de Navidad comenzaron a llegar por el correo en esta semana de parte de las Ligas Mayores del Béisbol, con fotografías de aficionados animados y con la frase 'Esta es la Temporada... Para Celebrar a Nuestros 79.502.524 aficionados".
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Drogas en la MLBAsimismo, apenas recuperados del impacto generado por el informe que presentó al comisionado de las Grandes Ligas, Bud Selig, al ex líder de la mayoría en el Senado, George Mitchell, uno también puede seguir adelante y decir... que pese a que los esteroides arruinaron al deporte, también lo revivieron.
Eso suena terrible, envía un mensaje equivocado a los niños, hace burla de las marcas y reajusta la lista de los nombres de los candidatos al Salón de la Fama.
Sin embargo, mientras revisamos la Internet y vemos la televisión en busca de otro pelotero contrito que ofrezca una disculpa por sus anteriores culpas, esa conclusión debió haber estado expresada también en esas 409 páginas de investigaciones.
Realmente, ¿qué fue lo que más nos emocionó del béisbol en la última década? El poder. El poder crudo y absoluto, como los grandes batazos de los bateadores estelares, así como las pelotas quemantes enviadas por potentes lanzadores.
Un cañonazo que caía salpicando en una pequeña caleta de parte de Barry Bonds; un cañonazo del cubano José Canseco, una línea seca del también cubano Rafael Palmeiro; un lanzamiento duro y adentro de Roger Clemens.
Vean la tabla de estadísticas que se emplea en la actualidad: En la Época de los esteroides ahora aparecen en la alineación: El Señalado, el Consumidor Reconocido, El Que Arroja Positivo y el Acusado.
Hace algún tiempo, todo eso era diferente.
Las pelotas rebotaban en relojes y rocas, caían en bahías, ríos, piscinas y fuentes. Caían en la bodega, rompían grandes anuncios y entraban despedazando ventanas de restaurantes, rodaban por cornisas, volaban por las calles.
Cada partido parecía competencia de jonrones. Y nos encantaba.
Todo el país se mantenía despierto durante la noche para ver cómo Bici Maca (Mark McGwire) y Slammin' Sammy (el dominicano Sammy Sosa) se enfrascaban en una lucha para romper la marca de más jonrones en una temporada que pertenecía a Roger Maris en 1998, el verano de ensueño para el béisbol.
Parecía una escena tomada de la película "Field of Dreams", o quizás del filme "The Natural", donde un gran cañonazo terminaba estrellándose en un poste de luz. Excepto que esto sí fue real.
Parecían olvidados los amargos recuerdos de 1994 cuando una huelga de peloteros no permitió la disputa de la Serie Mundial. La gente estaba realmente involucrada con el béisbol y las Grandes Ligas impusieron una marca al promediar 31.256 de asistentes a cada partido en ese año.
A las Grandes Ligas le llevó 12 años recuperar esa marca.
Tras la huelga, la NFL era el deporte más popular con los Vaqueros y los Packers como líderes. La NBA era muy popular, después de que Michael Jordan renunció a ser un jardinero de ligas menores y regresó al deporte en el que era el rey.
El béisbol necesitaba ciertamente una sacudida y convenientemente, estaban allí los esteroides.
Repentinamente, los grandes jonrones comenzaron a llegar a carretadas.
El resultado: de 1990 al 2000, la cantidad de jonrones aumentó casi un 50% y las anotaciones en un 20%.
Los puristas odiaron los cambios pues afirmaban que acabarían con el deporte. Eso no impidió que los aficionados siguieran llenando los estadios para alabar a sus peloteros favoritos inflados por las sustancias.
Ciertamente también hubo otros factores que ayudaron al resurgimiento, como la racha continua de partidos jugados de Cal Ripken hijo, debido a su dedicación.
Además, comenzaron a jugarse en estadios más cómodos, con partidos interligas y un comodín en los playoffs, que le dieron al béisbol un nuevo rostro.
¿Quejas por consumo de esteroides? había pocas. No las suficientes como para exigir una investigación. Además había razones para explicar el aumento ofensivo: pelotas más vivas, estadios más pequeños, lanzamientos diferentes, peloteros con cuerpos de atletas.
Aún antes de la Serie Mundial del 2006, una encuesta deportiva de la AP-AOL develó que los tres principales problemas en el béisbol eran los enormes salarios y los altos costos para asistir a los partidos, y en tercer lugar venía el consumo de esteroides.
Este año, el béisbol impuso otra marca de asistencia a los estadios. Todo eso gracias a los aficionados... y al pequeño secreto sucio del deporte.
Terra/AP

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