Romário y sus "42" entre el fantasma del retiro y el eterno amor con la red
28/1/2008 - 15:17(GMT)Waldheim García Montoya Sao Paulo, 28 ene (EFE)- Añejo como el vino y con el olfato intacto del 'cazador' que exhibe como su más preciado trofeo una presa de mil goles, el brasileño Romário de Souza Farías celebra este martes sus 42 años con el inevitable acecho del fantasma del retiro y su eterno amor por las redes.
Ni las reiteradas lesiones ni una sanción que pesa sobre él por dar positivo en un control antidopaje en la Liga local y lo alejó temporalmente del césped hicieron que el 'Baixinho' (bajito) jubilara sus zapatillas y dejara en 2007 las canchas, que todavía son testigo del matrimonio suyo con las redes contrarias.
Como pasó en Europa con el holandés Ruud Gullit y el italiano Gianluca Vialli, quienes en sus últimos años de fútbol activo afrontaron la dualidad de ser jugadores y a la vez técnicos en la competitiva Liga Premier inglesa, Romário afronta esta temporada como entrenador y delantero del Vasco da Gama de Río de Janeiro.
Romário espera este año "colgar los botines" en el mismo equipo que lo lanzó al fútbol profesional en 1985 tras su brillante actuación con la selección juvenil brasileña campeona del Sudamericano sub'20 de Paraguay y del Mundial de la Unión Soviética.
En su extensa carrera profesional, Romário consiguió el título como goleador y campeón del Mundial de Estados Unidos'94 y la consagración ese año como el Mejor jugador del mundo y "Pichichi de Oro" con el Barça, además de la distinción como mayor artillero de la liga holandesa en 1989 y de varias disputas locales en Brasil.
El 'Baixinho' también pasó por frustraciones como las de no disputar los mundiales de Italia'90, Francia'98 y Corea del Sur y Japón'02, así como los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.
De los mundiales de Italia y Francia quedó al margen por lesión y del de 2002 por disposición del entonces entrenador brasileño, Luiz Felipe Scolari.
Sus reiterados anuncios de abandonar la competencia profesional siempre fueron borrados por el clamor de la 'torcida' (hinchada) carioca y por el propio deseo del insigne artillero de alcanzar la soñada cifra de 1.000 goles, marca que en Brasil apenas fue sobrepasada por el ex astro Edson Arantes do Nascimento Pelé.
Los goles de todas las facturas, unos más determinantes que otros, pero todos con la marca personal de aquel delantero que anticipaba en su pensamiento la intención de sus compañeros y rivales, siempre vencieron una carrera empañada por fuera de las canchas.
Son varios los capítulos 'extra-futbolísticos' protagonizados por el cuarentón jugador, quien pasó por turbulentas relaciones amorosas en sus cuatro matrimonios, así como por disputas judiciales con sus ex entrenadores Jorge Mario Lobo Zagallo y Arthur Antunes Coimbra 'Zico', por ridiculizarlos en unas caricaturas en uno de los baños de su antiguo bar en Río de Janeiro.
La Justicia también lo citó en 2005 para dar explicaciones del por qué su hijo mayor, entonces con doce años, frecuentaba al lado de un tío fiestas privadas de un reconocido narcotraficante de Río de Janeiro.
El goleador nunca ocultó su gusto por la vida bohemia, siempre argumentó que él no era atleta y que, por lo mismo, no necesitaba de un gran estado físico para jugar al fútbol.
Otra actividad que copaba sus momentos de ocio era la práctica del fútbol playa, incluso cuando estaba lesionado, razón que causó grandes disgustos a sus entrenadores, pero no le persuadió a cambiar sus hábitos en Río de Janeiro.
Apenas las seductoras ofertas del fútbol internacional, como las del holandés PSV Eidhoven y la del FC Barcelona en la cúspide de su carrera, o las del Valencia (España), Al Saad (Arabia Saudita), Miami (Estados Unidos) o Adelaide (Australia), en lo que parecía momentos de ocaso, hicieron que Romário hiciera sus maletas.
El 'Baixinho' fue futbolísticamente 'trígamo', al "casarse" con tres de los cuatro grandes equipos cariocas, como el Vasco da Gama, el popular Flamengo y el eterno rival de ambos, el Fluminense, cuyas 'torcidas' se dividen el amor de aquel novio que les entregó alegría y momentos de placer, a pesar de reiteradas ausencias a entrenamientos.
En 2005, con 39 años y defendiendo al 'Flu', Romário se consagró como el máximo artillero del 'Brasileirao', en una cerrada disputa por el título de goleo con el argentino Carlos Tevez, entonces ídolo del Corinthians de Sao Paulo, campeón en esa temporada.
El deseo de Romário era despedirse del fútbol en el modesto América de Río de Janeiro, el equipo de los afectos de su padre y nada raro sería que en su dilatada retirada de las canchas el 'Baixinho', activista en la causa por los niños con síndrome de Down, mal que padece su hija menor, complazca al viejo Edevair. EFE wgm/cr/jb/hbr (con fotografías)
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