Olazábal se encuentra consigo mismo en Marbella
27/3/2008 - 18:47(GMT)Antonio Tomás Marbella (Málaga), 27 mar (EFE)- Vistos los 71 golpes que necesitó José María Olazábal en su primera vuelta de golf oficial en Aloha (Marbella), sede del Mapfre Open de Andalucía, después de siete meses de inactividad por lesión, habrá que hacer más caso a los que le han visto entrenarse y golpear a muerte en estos dos últimos meses para llegar bien al Masters de Augusta (10 al 13 de abril) que al discurso más conservador del propio jugador vasco.
Aunque Olazábal -trigésimo primero en Marbella- figure a seis golpes del líder, el inglés Lee Westwood (campeón en Aloha en 2007), lo cierto es que su juego fue un guiño virtual al Augusta National.
"Me bastaría con una vuelta para saber si estoy en condiciones de ir al Masters..., si no me doliese la espalda", dijo tras sus 71 golpes el bicampeón de este primer torneo de Grand Slam, con el que sueña volver a jugarlo desde que entró el pasado mes de agosto en el túnel de los dolores y la enfermedad (espondiloartropatía indiferenciada).
Insisten sus "fans" que le han visto entrenarse duro y que está listo para seguir. Él, Olazábal, frena la euforia desde Marbella. Su motor puede alcanzar los 200 por hora; él dice que llega hasta los 100, pero muy probablemente en el medio de ambas esté la verdad.
Al menos, tras sus 71 golpes, el guipuzcoano saludó con emoción y sentimiento de alivio al embocar en el hoyo 18 el último de los 15 pares que hizo hoy. Dos "birdies" y un solo error remataron su brillante tarjeta.
"La verdad es que el resultado ha sido lo más inesperado del día.
Físicamente me he encontrado como estos últimos días, pero lo bueno es que no va a peor. En los últimos hoyos quizá he notado que me cargaba la zona lumbar", confesó.
De los 71 golpes, Olazábal se mostró a disgusto con "cinco terroríficos". "Eso es suerte. Otras veces esos golpes se traducen en 'bogeys', pero hoy no", comentó el golfista vasco, de 42 años, como si el destino le hubiese ayudado a que su tarjeta se mantuviera lo más indemne posible.
"En general es mucho más de lo que esperaba. Ahora con 20 bolas más de práctica me basta para quitarme la sensación de esos últimos golpes tan malos", indicó.
"Es verdad que he hecho las mismas que Kaymer -mejor novato de 2007- y dos mejor que Miguel Ángel Jiménez", ambos compañeros de partido en esta feliz reaparición, "pero ellos viene cansados del reciente viaje desde Estados Unidos y Westwood ¡está siete abajo!", añadió Olazábal indicando con el dedo hacia el líder, en otra demostración inequívoca de su eterno afán de superación.
Con barba cuidada, por culpa, comentan, de erupciones en la piel; con algunos gramos de más en la zona abdominal, sin patrocinador para su bolsa y gorra (se acabó McGregor y podría llegar otro no relacionado con material de golf) y con palos de diversas marcas en su bolsa. Pero tras la ronda de hoy, Olazábal está más seguro de sí mismo y de vencer a su mal, con ayuda siempre de sus inyecciones biológicas cada meses de un antiinflamatorio fortísimo.
"Pues yo le he visto muy bien", dijo a EFE Jiménez acerca de Olazábal mientras trabajaba en el 'putting-green' tras su vuelta de 74 golpes y con el 'jet-lag' aún a cuestas. "Sí hombre, sí. Este se viene conmigo al Masters", terció el veterano jugador malagueño.
Pero si los experimentados Westwood y Olazábal protagonizaron la primera ronda, cada uno por las razones expuestas, los más jóvenes completaron el cuadro.
Así, un chaval espigado y "amateur", Danny Willett, nacido hace 20 años en Sheffield, al norte de Inglaterra, firmó una menos (66 golpes) que su ídolo Westwood en su primera vuelta en un torneo profesional y es segundo.
El chico está en Marbella porque ganó la Copa del Rey en Gerona, y porque este hijo de Pastor anglicano está considerado como el mejor "amateur" del mundo.
"Si gano el lunes me hago profesional", pregonaba un joven Willett plagado de sueños, los mismos que inundan la mente del malagueño Pablo Martín, que jugó por primera vez en su tierra un torneo como profesional.
Martín, que se situó arriba en la clasificación como el norirlandés McIlroy -los dos jóvenes con el lazo ya echado por los cazatalentos- dejó sus esencias geniales con el golpe del día: pegó de rodillas y bajo un árbol un segundo golpe sensacional en el hoyo 16. Esencias del juego genuinamente español, como lo derrochara antaño Seve Ballesteros. EFE aptc/sab
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