La distancia de 42.195 metros cumple cien años
23/7/2008 - 09:07(GMT)José Antonio Diego Madrid, 23 jul (EFE)- La distancia oficial del maratón, fijada en una medida, aparentemente caprichosa, de 42.195 metros, cumplirá este jueves, 24 de julio, cien años de vida exactamente a un mes vista de la prueba masculina que pondrá remate a los Juegos Olímpicos de Pekín.
La carrera de maratón fue introducida en el programa olímpico ya en los primeros Juegos de la era Moderna, en Atenas 1896, para conmemorar la gesta del soldado griego Filípides, que en el año 490 a.C. recorrió la ruta entre la bahía de Marathón y Atenas para anunciar la victoria sobre el ejército persa, un esfuerzo que según la leyenda le costó la vida por extenuación.
Pero el maratón tenía un recorrido aleatorio, siempre en torno a los 40 kilómetros, la medida que tuvo en su estreno, en Atenas 1896.
Cuatro años después, en París, la distancia aumentó en 260 metros; en St. Louis 1904 regresó a los 40 kilómetros pelados; y en Atenas 1906 subió a los 41.860 metros.
La distancia oficial, todavía en vigor cien años después, no se fijó, y eso por un capricho de la realeza británica, hasta los Juegos de Londres 1908, en los que venció el estadounidense John Hayes con un tiempo de 2h55:18.4, a la sazón récord olímpico.
El 24 de julio de aquel año, con una temperatura de 26 grados centígrados, los atletas recorrieron las 26 millas desde la salida, junto al castillo de Windsor, hasta el estadio Shepherd's Bush, donde habían de recorrer 385 yardas para cruzar la meta situada exactamente frente al palco de la reina Alexandra. Esta distancia de 26 millas y 385 yardas, convertida al sistema métrico, arroja la cifra ahora clásica de 42.195 metros.
No siempre se respetó esa distancia, sin embargo. En los Juegos de Estocolmo 1912 el maratón se disputó sobre 40.200 metros, y en Amberes 1920 sobre 42.750. Hasta París 1924 no se recuperó el recorrido "londinense", que se convirtió ya en definitivo.
El maratón de Londres 1908 pasó a la historia, no solo por ser el origen de la distancia clásica, sino por el dramático final protagonizado por el italiano Dorando Pietri, un pequeño corredor nacido en Carpi, tal vez el más famoso descalificado en la historia del olimpismo.
Pietri, formando inmortal estampa con largos calzones oscuros hasta la rodilla y un pañuelo blanco atado a la cabeza, llegó el primero al estadio pero en unas condiciones físicas lamentables.
Desorientado y al borde de la inconsciencia, el italiano necesitó la ayuda del jefe de carrera, Jack Andrews, para llegar hasta la meta, después de haberse derrumbado varias veces.
El informe oficial justificó la irregular ayuda a Dorando Pietri argumentando que "fue imposible dejarlo allí porque parecía como si estuviera a punto de morir en presencia de la Reina".
El público tomó partido por el pequeño italiano pero la delegación estadounidense se mostró inflexible: presentó una reclamación y los jueces decretaron la descalificación de Pietri, que daba la medalla de oro a John Hayes.
El estadounidense recibió su presea entre la indiferencia general. El público proclamó héroe de la carrera a Dorando Pietri, que al día siguiente, una vez recuperado, recibió de la Reina una Copa de Plata en desagravio y con el tiempo llegó a amasar una pequeña fortuna gracias a las campañas de recaudación de fondos promovidas en su favor y a los desafíos en el campo profesional.
Dorando Pietri cobró fama universal, su drama fue inmortalizado en coplas y canciones y fue una figura aclamada incluso en los Estados Unidos, donde recibió ofertas, que aceptó, para pasar al campo profesional. En los dos años siguientes se enfrentó varias veces a Hayes. Los dos duelos más relevantes fueron en Nueva York, uno el 25 de noviembre de 1908 y otro el 15 de marzo de 1909. En ambos la victoria fue para el italiano, que, mal aconsejado en asuntos financieros por su hermano, vio evaporarse su fortuna y hubo de ganarse la vida como taxista. EFE jad/ea
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