Una medalla "para que mi hija no me odie", exclamó el japonés Takada
13/9/2008 - 03:35(GMT)Pekín, 13 sep (EFE)- El estadio del Nido de Pájaro asistió anoche al reparto de una treintena de medallas y, de todas ellas, la más emotiva fue la plata que consiguió el atleta japonés en silla de ruedas Toshihiro Takada, quien al lograrla dijo confiar en que la victoria le ayude a recuperar el amor de su hija.
Takada, plata en los 400 metros de la clase T52, dijo a los periodistas que su hija ha heredado de él el síndrome de Charcot-Marie-Tooth. "Siempre estoy pensando en que me odia porque fui yo quien le ha dado esa condición", declaró.
"Así que decidí darlo todo en la competición para demostrar que puedo hacer algo, y espero con ello que mi hija no vuelva a odiarme", destacó un emocionado Takada para quien la plata supo a oro.
Takada, que hizo su mejor marca del año (1:00.32) sólo fue superado en la final por su compatriota Tomoya Ito, de 45 años, quien batió el récord paralímpico con unos inalcanzables 57.25.
En el podio, los dos sostuvieron radiantes la bandera del sol naciente y Takada, al sonar el himno nacional, lució una sonrisa de oreja a oreja mientras miraba al cielo.
"La única cosa en la que pensaba durante la competición era en mi pequeña", aseguró el atleta paralímpico, que esta semana cumplió 41 años.
El síndrome de Charcot-Marie-Tooth es una neuropatía (desorden nervioso) hereditaria que suele tener distintas manifestaciones en el organismo, aunque lo más frecuente es la pérdida de masa muscular y sensibilidad en las extremidades inferiores. EFE abc/cmm
Terra/EFE




