Makarapa, un símbolo sudafricano entre el fútbol y las minas
21/6/2009 - 12:29(GMT)Las makarapas, esos cascos de minero transformados en pequeñas obras de arte una vez recortados y pintados con los colores de un equipo de fútbol, populares en Sudáfrica desde finales de los setenta, inundan los estadios de la Copa de las Confederaciones.
Junto a las famosas Vuvuzelas, las ruidosas trompetas de plástico, son los dos símbolos del folclore futbolístico sudafricano.
Frans Kapetsoa, de la ciudad de Midland, en la provincia de Gauteng, cerca de Johannesburgo, se acercó a ver el partido España-Sudáfrica, el sábado en Bloemfontein, con su casco decorado.
"Lo compré hace unos tres meses por 50 rands y para mí es como una camiseta, para que se me reconozca como un aficionado de Sudáfrica y que vengo a defender a los Bafana Bafana", afirma orgulloso con su casco pintado de verde y amarillo.
Mzi Khumalo, de Johannesburgo, que también asistió con su Makarapa al partido Sudáfrica-España en Bloemfontein, con la frase oficial del Mundial, 'Ke Nako' (Es la hora), lucía asimismo orgulloso su casco.
"Pagué 100 rands por él. Lo podría haber hecho yo, pero preferí comprarlo. Me gustaría que los europeos lo conocieran. Es parte de nuestra historia y de nuestro fútbol", explicó.
Por su parte, Twice Rawana, también de Johannesburgo y que hizo el desplazamiento a Bloemfontein para ver a Sudáfrica jugar contra España, quería con su Makarapa lanzar un mensaje de amistad entre las comunidades existentes en Sudáfrica, los blancos, amantes del rugby, y los negros, fanáticos del fútbol.
Delante llevaba la figura del Springbok, el antílope sudafricano que da nombre al equipo de rugby, y detrás la leyenda "Paz y amor".
"Lo compré hace tres años en Durban por unos 80 rands. Quería un mensaje de unidad", señala Rawana.
La Makarapa nació cuando Alfred Baloyi, un aficionado del equipo Kaizer Chiefs, uno de los dos equipos grandes sudafricanos, del barrio de Edenvale, en Johannesburgo, decidió realizar el primero en la década de los setenta. Desde entonces es apodado 'Michelangelo' por los artistas de Makarapa.
La idea original era proteger a los aficionados de ser alcanzados por alguyna botella lanzada por el público.
A partir de aquel momento, los aficionados emplean horas en decorar, cortar, adornar y pintar las makarapas o las puden comprar a artistas especializados en algo que ya se ha convertido en un arte por un precio que puede ir desde los 50 hasta las 800 rands.
En estos sombreros, que simbolizan dos temas importantes de la población negra de Sudáfrica (el 85% de la población), las minas y el fútbol, tienen cabida el escudo y los colores del equipo, imágenes del jugador favorito, o palabras de ánimo al club o selección.
Baloyi, que se ha hecho célebre en Sudáfrica, sólo podía completar dos makarapas cada día, pero un hombre de negocios, Grant Nicholls, lo contactó para ayudarle a incrementar su producción con ánimo comercial de cara al Mundial de 2010.
"Inicialmente hablamos con FIFA y registramos la compañía y protegimos los derechos y buscamos inversores", afirmó Nichols. Desde entonces, una fábrica, con la ayuda de maquinaria especializada, fabrica las makarapas, aunque han surgido muchos pequeños artesanos que también las venden.
Makarapa o Makaraba se llama en Sudáfrica a los trabajadores emigrantes, que normalmente trabajaban en las minas.
El comité organizador del Mundial-2010 regaló una vez una Makarapa al presidente de la FIFA, Sepp Blatter, en Zúrich.
Sudáfrica quería hacer popular la Makarapa en el Mundial-2010 aunque ya lo está consiguiendo un año antes, en la Copa de las Confederaciones.
Terra/AFP



