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Cavenaghi: "Jugar un partido como este es lo máximo"

El delantero del River Plate Fernando Cavenaghi afirmó que jugar un partido Boca-River "es lo máximo que le puede ocurrir a un futbolista" en su país, pese a que mañana su equipo no podrá contar con el apoyo de sus hinchas en el estadio "La Bombonera".

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Cavenaghi
Foto: Reuters

El encuentro se jugará en el estadio "La Bombonera", al que sólo acudirán los hinchas del Boca, y una semana después, en el "Monumental", serán baja los aficionados boquenses. Medidas de seguridad, que le llaman, y que son una clara muestra de que en el fútbol de este país los violentos están ganando el pulso.

El Comité de Seguridad argentino, que intenta terminar con los hechos violentos en el fútbol, dispuso que los dos partidos de las semifinales de la Libertadores se jugaran a la luz del sol, pero los contratos de la Confederación Sudamericana de Fútbol (CSF) con la televisión no contemplan esa posibilidad.

Entonces, para evitar choques entre los hinchas, los clubes y la CSF acordaron que únicamente los hinchas del Boca Juniors podrán ir al estadio de su club y que ninguno de ellos pisará el recinto riverplatense el jueves día 17 de este mes.

"No opino. Este es un asunto de exclusiva competencia de la Confederación", dijo Julio Grondona, presidente de la Asociación del Fútbol local (AFA), quien nunca en sus 25 años en ese cargo, durante los cuales hubo numerosos casos de violencia en los estadios y fuera de ellos, con decenas de muertos, tomó una medida de este tipo.

Un informe del diario inglés The Observer indica que el Boca-River es el número uno de los espectáculos del mundo, entre los cincuenta principales acontecimientos deportivos, al que "cualquier aficionado del planeta debería asistir antes de morirse".

Esta afirmación, publicada hace dos meses, indica que el "clásico de los clásicos" de Argentina está por encima de la sensación que produce conducir un coche de la Fórmula Uno en el circuito de Montecarlo, asistir al abierto de tenis de Wimbledon o a la final de los 100 metros lisos en los Juegos Olímpicos.

The Observer aseguró que el derbi que comenzó a jugarse en 1913 es uno de los más "intensos" del fútbol latinoamericano, que el ambiente que hay en "La Bombonera" durante su disputa es "muy extraño" y que se trata de una particular "combinación de color, ruido y energía".

Los argentinos tenían claro todo esto, pero el informe del diario inglés potenció esa impresión y en el Boca-River jugado hace dos semanas en la décimo cuarta jornada de la Liga no pocos aseguraron que el espectáculo en los graderíos fue uno de los mejores de la historia del "clásico" en intensidad, movimiento, colorido y sonido.

Pero en algunas puertas del estadio "La Bombonera" hubo disturbios, la "barra brava" del equipo local entró forcejeando y sin pagar, se falsificaron boletos y un dirigente boquense terminó procesado judicialmente por este último asunto.

Entonces el Comité de Seguridad llegó a la conclusión de que boquenses y riverplatenses no pueden compartir un escenario deportivo en horarios nocturnos.

En cualquiera de los dos estadios, los contrapuntos entre las hinchadas de Boca y River, que no dejan de cantar, saltar, agitar banderas y arrojar papel picado durante todo el partido, son el aderezo vital de partidos buenos, regulares o malos, y no faltan quienes dicen que muchas veces el verdadero espectáculo está en los graderíos y no en el rectángulo de juego.

Contrapunto significa en buena parte de Sudamérica, según la Real Academia Española, desafío de dos o más poetas populares, y en Venezuela es una ejecución musical en la que compiten dos cantadores, que se acompañan con ritmo de "joropo llanero". El choque Boca-River no tendrá ese condimento, y no es poco.

El Boca-River de los dos próximos jueves serán distintos. Cantará, saltará y agitará banderas una sola hinchada, lo cual es muy extraño para el fútbol argentino, que tiene a los clubes de los equipos más populares del país a escasa distancia uno de otro, a no más de una hora de viaje en los transportes públicos terrestres en el peor de los casos.

El "clásico de los clásicos" en esta ocasión tendrá el mismo sabor que tendría la organización de un baile en el que no estuviera permitida la entrada a los hombres o a las mujeres.

Fuente: EFE

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