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La canción Sin miedo a nada que canta junto a la cantautora Amaia Montero, fue escogida por los internautas de Los 40.com como la Mejor Canción de Amor de la Historia.
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A los 14 años empezó a jugar al billar casi por casualidad. Le tomó el gusto, no le iba mal, fue mejorando y estuvo varios años muy metido. A los 16 años ya estaba compitiendo.

Sin pensar en nada y por pura diversión, le daba por hacer una canción. Así empezó con 15 años. Y llegó un día en el que terminó una canción que le gustó. Cuenta que tenía ganas de que alguien la escuchara, de cantársela a cualquiera. Esa primera canción aún existe; está escrita pero no se ha grabado en disco.
A partir de ahí seguió escribiendo. Poco después hizo Sabes y Hay que ver, que están grabadas en la primera maqueta. Afirma que no se sentaba todos los días a componer, pero salían cosas.
Cuenta que estaba en la cama y aparecía una melodía o una letra, escribía un párrafo, no sabía cómo seguir, lo dejaba a medias, continuaba días o semanas después.
Un día llamó a su primo David. Es músico y tiene un estudio de grabación casero. Se animó, durante dos o tres semanas, pasaba en la noche por su estudio y tranquilamente fueron grabando. Su primera maqueta tenía cinco canciones.
Terminó de grabar las cinco canciones y dos o tres las había escrito para su novia de entonces. Se acercaba su cumpleaños y le regaló la maqueta. Fueron las primeras canciones que escuchó su mánager, Íñigo Argomániz. Le pasó la maqueta su primo Ramón. Regenta el Antonio Bar, al que Iñigo iba de vez en cuando. Después, claro, llegaron más canciones y más maquetas.
Íñigo estaba sentado en su mesa, con una pila de maquetas delante. Contó que un día estaba trabajando en el ordenador mientras escuchaba de fondo su maqueta con las cinco canciones. No le hacía ni caso. Pero una canción se le agarró al oído, volvió al principio y la escuchó tranquilamente. Le gustó no sé qué. Las letras, su voz, las canciones. Y lo llamó para saber quién era, qué hacía.
Alex le contó algo de se vida y que no tenía más canciones grabadas. Íñigo le dijo que le gustaban, que siguiera escribiendo tranquilo, con calma. Nunca le prometió nada; nunca le dijo que iba a grabar un disco. Simplemente que se volverían a sentar cuando tuviera 12 o 14 canciones más.
Volvió a casa dando botes. Y se puso a escribir sin fecha determinada, sin plazo fijo. Cuando tuvo más canciones, se las mandó. le pidió más y escribió más. 25 canciones en un año.
Agencias
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