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 Biografía de La Oreja de Van Gogh
5 de Octubre de 2006 11:22

La Oreja de Van Gogh

La Oreja de Van Gogh
Foto: Sitio Oficial

"Con una economía deficitaria la única manera que encontramos de sufragar nuestra primera grabación fue pidiendo dinero en casa para fotocopiar apuntes de la universidad"

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Si aquella tarde de verano de 1994 alguien nos hubiera contado hasta dónde llegaría nuestra aventura seguramente el vértigo nos hubiera impedido continuar.

Sin embargo y afortunadamente, sentados en la playa de Ondarreta de San Sebastián era imposible imaginar lo lejos que llegaríamos con el grupo de música que acabábamos de formar cuatro amigos de la universidad.

La pasión por la música nos reuniría desde entonces los fines de semana en un local de ensayo que compartíamos con más amigos, no tanto por un espíritu comunero como por causa de las penurias financieras propias de nuestro estatus de estudiantes. Con todo, cada sábado terminó por ser una fiesta en la que desmontábamos y volvíamos a montar a nuestro gusto las canciones favoritas de nuestros grupos preferidos. Con sólo una parte de destreza por cada diez de ilusión, nuestros primeros pasos en la música nos supieron a gloria y en un plazo de tiempo que seguro que a los vecinos del bloque dónde ensayábamos les tuvo que resultar eterno, aprendimos a perfeccionar juntos nuestras habilidades con los instrumentos.

Pasaron los meses y hasta entonces no había resultado difícil encontrar algún amigo que nos visitara en el local y de paso se atreviera a colocarse frente al micro para cantar las versiones que preparábamos. Sin embargo, cada vez un poco más seguros de nosotros mismos, no tardamos en atrevernos con nuestras propias composiciones y con ellas sentíamos por fin que comenzábamos a tener una personalidad propia. Pronto comprendimos que necesitábamos alguien que, definitivamente, pusiera voz a nuestra música.

Gracias a un cúmulo de casualidades, Pablo conoció a Amaia y le propuso cantar con nosotros en nuestro grupo. Con una curiosidad indisimulable y una torpeza masculina elevada a cuatro nos presentamos a Amaia la navidad de 1995. Pronto condujimos a nuestra futura compañera a un local que antes invitaba a la fuga que al canto. Allí, en una tarde mágica, decidimos seguir juntos el camino.

Con una economía deficitaria la única manera que encontramos de sufragar nuestra primera grabación fue pidiendo dinero en casa para fotocopiar apuntes de la universidad. De esta manera, pronto conseguimos tener una tarjeta de presentación que nos llevó a participar en multitud de concursos y actividades locales. De todas ellas, lo más significativo y emocionante para el grupo fue ganar el Concurso Pop Rock de San Sebastián el verano de 1997, esencialmente porque fue la única meta cierta que nos propusimos jamás.

Pero de pronto y sin esperarlo en absoluto sonó el teléfono y desde Sony Music en Madrid nos llamaron contándonos que estaban interesados en nuestra música. La perplejidad no tardó en convertirse en una risa nerviosa de incredulidad.

Naturalmente, y aunque apenas entendíamos nada, dijimos que sí a todo. La idea de tener un disco grabado con nuestras canciones, nuestro nombre y nuestra foto era un sueño que ni nos habíamos planteado así que, aunque apenas teníamos más de cuatro canciones, contamos a la discográfica que nuestro repertorio llegaba a veinticinco. Las escribimos y las grabamos en un tiempo récord, casi sin darnos cuenta de que juntas formarían parte de nuestro primer disco: Dile al sol.

Las noticias que llegaban eran cada vez mejores y en Sony Music, siempre gracias al impulso inicial de Jennifer Ces, creyeron que era el momento de que el grupo comenzara a visitar otros países.

No fue hasta setiembre de 2000 que, superada la presión por todo lo que se esperaba de nosotros, vio la luz El viaje de Copperpot.

Mientras intentábamos tomar aire para metabolizar tal cantidad de noticias maravillosas en España empezaron a pedirnos que volviéramos a México, Argentina y Estados Unidos aunque también conocimos Chile, Colombia, Puerto Rico, Centro América, Ecuador, Perú, Uruguay… En muy poco tiempo aprendimos más geografía que la que nos enseñaron en el colegio. Además, las horas juntos, las experiencias y el paso del tiempo por nuestras vidas nos seguían inspirando tanto que la composición de Lo que te conté mientras te hacías la dormida fue totalmente natural, estimulante y divertida. Se publicó en 2003 y para entonces el lanzamiento ya nos lo planteaban a escala intercontinental. Estaría disponible al mismo tiempo en España, en México o en cualquier otro país. Eran dignas de ver nuestras caras de resuelta solvencia cuando el presidente de Sony Music nos explicaba todo esto. No queríamos que notara cómo tragábamos saliva sintiendo que todo era alucinantemente grande para nosotros.

Ya con diez años de grupo y cerca de treinta en este planeta, todo estaba listo para afrontar la creación de Guapa en 2006. Mantener el equilibrio entre la identidad del grupo y la innovación nos metió en algún que otro quebradero de cabeza del que conseguimos salir rompiendo algunas de las canciones que teníamos escritas en pedazos que, reordenados, formarían otras más interesantes.

Durante el verano de 2007, después de haber estado de gira por medio mundo pero justo antes de empezar con la composición de nuestro quinto disco, Amaia decidió dejar el grupo con la idea de comenzar una carrera en solitario. La noticia nos dejó al resto totalmente perplejos y conmovidos.

Ya con A las cinco en el Astoria escrito decidimos retroceder una década en el tiempo y buscar, como ya hicimos antes, a alguien que pusiera la voz en el grupo. Siempre hemos sido un grupo, una banda, así que, en vez de buscar sencillamente una cantante, nos empeñamos en encontrar a un quinto miembro de La Oreja de Van Gogh.

Por un amigo en común y después de conocer a mucha gente, nos pusimos en contacto con Leire y apenas bastó un instante en nuestro local de ensayo para sentir que la búsqueda había terminado: volvíamos a ser cinco.

El verano de 2008 fue crucial porque convivimos personal y musicalmente en Du Manoir, en Francia, un estudio legendario para nosotros donde hemos grabado muchas otras veces. De allí salimos con nuestro quinto disco bajo el brazo y con la sensación de que íbamos a vivir un nuevo comienzo. Casi doce años después, con nuestra pasión intacta, hemos aprendido algo fascinante: la música trasciende a las personas y no conoce nombres ni apellidos.

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