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"Con una economía deficitaria la única manera que encontramos de sufragar nuestra primera grabación fue pidiendo dinero en casa para fotocopiar apuntes de la universidad"
La Oreja de Van Gogh: Con energía recargada
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Sin embargo y afortunadamente, sentados en la playa de Ondarreta de San Sebastián era imposible imaginar lo lejos que llegaríamos con el grupo de música que acabábamos de formar cuatro amigos de la universidad.

La pasión por la música nos reuniría desde entonces los fines de semana en un local de ensayo que compartíamos con más amigos, no tanto por un espíritu comunero como por causa de las penurias financieras propias de nuestro estatus de estudiantes. Con todo, cada sábado terminó por ser una fiesta en la que desmontábamos y volvíamos a montar a nuestro gusto las canciones favoritas de nuestros grupos preferidos. Con sólo una parte de destreza por cada diez de ilusión, nuestros primeros pasos en la música nos supieron a gloria y en un plazo de tiempo que seguro que a los vecinos del bloque dónde ensayábamos les tuvo que resultar eterno, aprendimos a perfeccionar juntos nuestras habilidades con los instrumentos.
Pasaron los meses y hasta entonces no había resultado difícil encontrar algún amigo que nos visitara en el local y de paso se atreviera a colocarse frente al micro para cantar las versiones que preparábamos. Sin embargo, cada vez un poco más seguros de nosotros mismos, no tardamos en atrevernos con nuestras propias composiciones y con ellas sentíamos por fin que comenzábamos a tener una personalidad propia. Pronto comprendimos que necesitábamos alguien que, definitivamente, pusiera voz a nuestra música.
Gracias a un cúmulo de casualidades, Pablo conoció a Amaia y le propuso cantar con nosotros en nuestro grupo. Con una curiosidad indisimulable y una torpeza masculina elevada a cuatro nos presentamos a Amaia la navidad de 1995. Pronto condujimos a nuestra futura compañera a un local que antes invitaba a la fuga que al canto. Allí, en una tarde mágica, decidimos seguir juntos el camino.
Con una economía deficitaria la única manera que encontramos de sufragar nuestra primera grabación fue pidiendo dinero en casa para fotocopiar apuntes de la universidad. De esta manera, pronto conseguimos tener una tarjeta de presentación que nos llevó a participar en multitud de concursos y actividades locales. De todas ellas, lo más significativo y emocionante para el grupo fue ganar el Concurso Pop Rock de San Sebastián el verano de 1997, esencialmente porque fue la única meta cierta que nos propusimos jamás.
Pero de pronto y sin esperarlo en absoluto sonó el teléfono y desde Sony Music en Madrid nos llamaron contándonos que estaban interesados en nuestra música. La perplejidad no tardó en convertirse en una risa nerviosa de incredulidad.
Naturalmente, y aunque apenas entendíamos nada, dijimos que sí a todo. La idea de tener un disco grabado con nuestras canciones, nuestro nombre y nuestra foto era un sueño que ni nos habíamos planteado así que, aunque apenas teníamos más de cuatro canciones, contamos a la discográfica que nuestro repertorio llegaba a veinticinco. Las escribimos y las grabamos en un tiempo récord, casi sin darnos cuenta de que juntas formarían parte de nuestro primer disco: Dile al sol.
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