GOYA EN BURDEOS

El pasado domingo se apagaron las luces del décimo séptimo Festival de Cine de Miami. No será hasta febrero del año entrante cuando la ciudad del sol se convierta de nuevo, durante dos semanas, en una ventana abierta para los amantes del séptimo arte.

Entre las obras que pudimos disfrutar en el último día de esta muestra se encuentra la más reciente producción del director español Carlos Saura: Goya en Burdeos. El filme trata sobre los últimos años del pintor que es considerado uno de los precursores de la pintura moderna: el aragonés Francisco de Goya y Lucientes.

Las conversaciones que sostiene Goya, interpretado por Francisco Rabal, y su hija Rosario (Dafne Fernández) sirven de marco para mostrarnos una retrospectiva de su vida y de su apasionado romance con la Duquesa de Alba .

Según el director, la película quería responder a una interrogante de cómo fue la vida de Goya a los 82 años, mostrándonos un ser tierno y afectuoso, pero al mismo tiempo, por la pasión con que Saura enfrenta el proyecto, la cinta se convierte también en un viaje a través de la obra del genial artista.

Esta cinta es la cuarta colaboración de Saura con el director de fotografía Vittorio Storaro quien cuenta en su haber con tres oscares: por El último emperador de Bernardo Bertolucci (1987), Reds de Warren Betty (1981) y Apocalipsis Now de Francis Ford Coppola (1987).

Juntos han creado un espléndido espectáculo visual basado en un sistema de paneles transparentes donde la iluminación va transformando el decorado según se desplazan los actores. Lo mismo puede ser una sencilla habitación que un suntuoso palacio. La solución escenográfica del filme, registrado casi todo en interiores, nos muestra cómo la luz está explotada al máximo para lograr recrear la atmósfera de la época.

En la cinta también se rinde homenaje a otros pintores a los cuales Goya consideraba como sus maestros: Rembrandt y Velázquez . Esto puede apreciarse en la primera escena cuando de un buey abierto en canal y colgado (un homenaje a un famoso cuadro de Rembrandt) sale de sus vísceras el rostro de Goya.

La película está filmada, casi en su totalidad, con una cámara manejada por control remoto lo que permite una mayor capacidad de movimiento en los planos secuencia. El resultado es una puesta en escena de una belleza impresionante, apoyada por una banda sonora que juega, a su vez, un papel protagónico en la historia.

La película fue un proyecto largamente acariciado por Saura, de hecho está dedicada a su hermano Antonio, con el que compartía su amor por la pintura. Goya en Burdeos es un espectáculo visual que demuestra, una vez más, la pericia en el difícil oficio de hacer cine del director español.


Francisco Rabal en su papel de Goya hace gala, una vez más, de su talento al darnos el mundo interior de su personaje, aquejado por la sordera y exortizando sus demonios a través de las confesiones a su hija. Ahora, ya viejo, desaparece en sus cuadros la brillantez de los primeros tiempos, su paleta se oscurece y su obra toma un carácter sombrío y descarnado donde predomina el color negro. Esta etapa se muestra en la película con la puesta en escena de las composiciones históricas del pintor sobre los fusilamientos del tres de mayo. Goya que había sido un afrancesado toda su vida hace una amarga y desgarrada crítica de la invasión napoleónica a España.

El Goya joven es protagonizado por José Coronado, la última amante del pintor, Leocadia, descansa en la labor de Eulalia Ramón y la Duquesa de Alba corre a cargo de Maribel Verdú, que como reza la sinopsis del filme, esta Maja Desnuda es capaz de seducir al mismo diablo.

Los diálogos nos muestran las distintas facetas de los caracteres aunque en ocasiones pecan de didácticos. En la dirección de actores se nota la larga experiencia de los protagonistas, aunque se echa de menos la mano del director en la caracterización de algunos personajes.

La puesta en escena de Goya en Burdeos sorprende por la pericia y la belleza con que está plasmada. Es un deleite para los amantes del buen cine y la pintura, hecha con el buen gusto de un realizador que además de admirar la obra del artista la ha sabido plasmar en el celuloide con una visión muy personal.

Terra / Rubén Lavernia


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