Halloween
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HORROR EN HALLOWEEN: EL REGRESO

El molesto sonar del teléfono despertó bruscamente a Melinda de su ligero sueño. No había parado de sonar, y estaba cada vez más molesta.

"Hola, Señora Howard.¿Puedo hablar con Edwin?", preguntó la voz de un niño.

Melinda respondió gritando, "¿Por qué no me dejan en paz, malditos idiotas? Ya está bien!.

Colgaron.

Melinda saltó de la cama, llorando y visiblemente enfadada. Caminó hacia su tocador y cogió una foto de sus dos hijos, Edwin y Daisy. Miró la foto con emoción y cariño, acariciando el brillante papel con sus dedos. Hacía dos años de la desaparición de su marido y sus hijos mientras pedían golosinas en los alrededores del barrio la noche de Halloween.

La policía y el FBI los buscaron sin descanso pero no encontraron nada. El pequeño vecindario también contribuyó en la búsqueda, pero no había ni rastro de ellos. Fueron vistos por última vez hablando con la familia Gardner. Las dos familias estaban muy unidas, enlazadas por la relación compartida con sus hijos. Edwin y Daisy habían sido amigos de Jonathan y Elizabeth Gardner desde preescolar. Los Gardners informaron a las autoridades que los Howards habían seguido calle abajo vestidos con disfraces de Halloween y no los volvieron a ver nunca más. Cuatro meses más tarde, los Gardners se mudaron de ciudad.

Un año después de que desapareciera su familia, Melinda empezó a experimentar sucesos extraños. Niños llamaban preguntando por sus hijos. Era raro porque las llamadas no parecían travesuras. Los que llamaban sonaban convencidos de que sus hijos todavía vivían allí. En la habitación de los niños, encontraba las camas sin hacer y la ropa tirada en el suelo. La policía respondía inmediatamente a sus frenéticas llamadas, pero no encontraron señales de que la puerta o ventanas hubieran sido forzadas. Los vecinos estaban seguros de que estaba al borde de un ataque de nervios.

Aquella noche, el teléfono no había parado de sonar. Después de la última llamada, decidió descolgar el teléfono, entonces el timbre de la puerta empezó a sonar. Niños disfrazados esperaban las golosinas de Halloween. Melinda no abrió la puerta, como el año anterior. Se metió en su habitación y, cansada de llorar, se quedó dormida.

Más tarde oyó cómo se encendía sola la televisión en el piso de abajo y se escuchaba la risa de sus niños. También oyó a su marido suplicando a los niños que hablaran en voz baja. Aterrorizada, cogió el teléfono para llamar a la policía. Pero, en vez del tono de llamada, oyó la voz de Daisy. "Mamá, voy a salir del teléfono en un minuto". De repente, el sonido de unos pasos subiendo las escaleras hizo eco en el hall. "Mel, perdona. Estaba tratando de acostar a los niños, pero no hacen caso". Era la voz de su marido. Ella se levantó de un salto y cerró la puerta con llave.

El pomo de la puerta empezó a moverse. Melinda gritó.
"Mel, abre la puerta. ¿Qué estás haciendo?. Déjame entrar".

By Raul Bermudez
Terra.com staff writer