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COREA DEL SUR
La luna llena marca el día en que los coreanos rinden homenaje a sus antepasados. "Taeborum" (gran luna) es un día para alejar el demonio y la mala suerte. Por eso, los rituales y comida de esta milenaria cultura tienen un significado oculto.

Al igual que en la religión y tradición Cristiana, las familias se reúnen en el cementerio y rezan recordando a sus seres queridos. Los lugareños compiten en una apresurada marcha a la cima de una montaña para contemplar la luna; el primero en llegar será premiado con "buena suerte" para el resto del año. Una vez allí, los campesinos piden deseos y predicen el año observando el círculo de luz. Si es blanca, significa abundantes lluvias, si es roja, anuncia sequía y si es gris, el hambre castigará a la región.

"Taeborum" se celebra quince días después de Año Nuevo chino, basado en los ciclos lunares, y suele ser celebrado a mediados de febrero o marzo. Para los coreanos, también representa el comienzo de la temporada de labranza.

Al despertar, la tradición exige empezar el día tomando frutos secos en cantidad equivalente a la edad. Se dice que los ruidosos crujidos asustan a los espíritus y demonios a la vez que fortalecen a los dientes al masticar. La noche de "Taeborum" los puentes están repletos de gente cruzando de un lado a otro una y otra vez. La creencia popular sostiene que, si pasan un largo puente tantas veces como el número de años que se tenga, no padecerán enfermedades durante todo el año.

"Okokbap", la comida típica del día de "Taeborum" es un plato hecho de arroz cocido con mijo, judías rojas y sazonado con nueve tipos de hierbas, que se acompaña con verduras secas como calabazas, berenjenas y rábanos, entre otros. Se cree que con esta receta no sufrirán el fuerte calor el resto del año y, para beber, se toma Kwibalki sul, un vino frío que tiene la facultad de aguzar el oído y, por lo tanto, de oír sólo buenas noticias.

El festival se viene celebrando desde el Reino Shilla (57 A.C.-935 D.C.). Antiguamente se creía que la luna llena era un acontecimiento misterioso y contemplaban con especial interés la primera luna del año. Los coreanos adoraban el satélite porque alejaba la oscuridad, y representaba un mundo más alegre y luminoso.