La juventud en los años sesentas se identificó por su necesidad de divertirse, de identificarse con una moda de vestir y por su fuerte deseo de salirse del esquema y provocar un tremendo cambio social. Tal vez por ello, los grandes estudios de cine decidieron diversificarse para lograr complacer, con diferentes formas de entretenimiento como discos, revistas y programas de televisión al público que demandaba diversión.
Uno de los más controversiales y prolíficos directores de ésta década fue Stanley Kubrick, quien por esos años, produjo varias de las mejores películas de la época. Ese es el caso de Spartacus (1960) - una magistral película épica acerca de un esclavo rebelde en la antigua Roma.