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Natación: Klaus Dibiasi Para los conocedores del deporte, en especial de los clavados, este nombre lo dice todo.
El valor de la plata Para Italia, la medalla de Dibiasi representaba mucho. Por primera vez en la historia de esta disciplina, un italiano subía al podio de los vencedores, cediendo el lugar de honor por tan sólo 1.04 puntos. Fue tanta la sensación que causó la obtención de esa medalla, que a su regreso a la localidad de Bolzano las autoridades decidieron invertirle al deporte del nuevo estrella. Como la alberca donde practicaba Dibiasi era al aire libre, optaron por techarla, para que así el medallista se entrenara durante el duro invierno y no viera disminuidas sus posibilidades futuras de más victorias. La maniobra rindió sus frutos. Con el paso de los años, Dibiasi dio a Italia tres medallas doradas y dos de plata en distintas ediciones de los Juegos Olímpicos. Nada fácil es mantenerse en la cima de un deporte, donde la edad va jugando un papel determinante frente a las limitaciones físicas y coordinativas que va imponiendo el cuerpo humano, y Dibiasi lo logró.
Sangre de campeón
La supermacía En Montreal 76 Dibiasi tuvo que emplearse más a fondo. Si quería su tercer título consecutivo debía arriesgar con todo. La principal causa de esta presión la representaba un nuevo talento, que como él 12 años atrás, aspiraba a abrirse un camino en los clavados: Greg Louganis, de Estados Unidos. A pesar de la presión, Dibiasi consiguió su tercer título olímpico en la plataforma, y otra vez con un margen más que cómodo: 23 puntos sobre su más cercano perseguidor, Louganis. El trampolín no era su fuerte. Sin embargo, Dibiasi consiguió una medalla de plata en Juegos Olímpicos, que fueron los de México 68.
Así entró Dibiasi al selecto círculo de los clavados, ese que ahora forman Samuel Lee, Joaquín Capilla y Greg Louganis.
Juan Ramón Piña / El Norte |