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Crónicas desde Colombia
(por Mónica Godoy, enviada especial)
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EXODO DE COLOMBIANOS



El sufrimiento del éxodo no es exclusivo de quien lo vive, también del país entero. Según el Departamento Nacional de Planeación, DNP, Colombia perdió en 1999 más de $4.4 billones de pesos (unos $2.000 millones de dólares) por la fuga de capital humano al exterior. La institución basa sus cálculos en la calidad intelectual de los 80 mil colombianos que emigraron el año pasado y quienes han cursado como mínimo tres años de universidad.

La Organización Internacional del Trabajo publicó este año un estudio donde expresa que la fuga de capital intelectual contribuye al estancamiento económico de un país, generando a su vez una falta de competitividad de esa nación frente a las otras. Ello es ratificado por un informe del Banco Mundial que indica que el 74 por ciento de la riqueza de los países del llamado ´Primer Mundo´ está representada en su capital humano. Y Colombia se está quedando sin sus mejores administradores, economistas, ingenieros, médicos y científicos por culpa del éxodo.

Este drama no es solamente exclusivo de los colombianos sino de los extranjeros que viven en el país. Según el principal diario israelí, Ha Aretz, "en Colombia viven siete mil judíos, menos de la mitad de los que permanecían hace 20 años...Cada año salen del país 200 israelitas con destino a Miami o Tel Aviv".

La salida de la gente no sólo implica su ausencia física sino la fuga de capital e inversión foránea, en un país sumido todavía en una grave crisis económica, que tiene como estigma un desempleo del 20 por ciento.

Este último factor, unido con el de la violencia y la inseguridad, obliga a que miles de colombianos piensen que el futuro del país está afuera y no dentro.

Al ritmo que sigue este éxodo, en el 2003 la colonia colombiana será una de las más numerosas en Estados Unidos, según afirmó el Servicio Estadounidense de Inmigración y Nacionalización, INS.

Cualquiera puede comprobar desde ahora que así será, con sólo asomarse a la interminable fila de personas que esperan desde las cuatro de la madrugada la apertura de la embajada norteamericana en Bogotá, a la espera de una visa que los llevará a buscar otro destino.

Terra / Mónica Godoy, enviada especial