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Crónicas desde Colombia
(por Mónica Godoy, enviada especial)
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LA GUERRILLA
Introducción - Origen - Situación - Diálogos de Paz
DIÁLOGOS DE PAZ


Oficiales de la policía son rehenes de fuerzas izquierdistas en la selva al sur de Colombia. Los 38 oficiales forman parte de los más de 300 secuestros de soldados y fuerzas policiales que ejecutaron las FARC para intercambiar por rebeldes en prisión en 1998. Dic. 18, 1998. (AP/Ombudsman National Office)
Mientras el gobierno, la sociedad civil y los máximos jefes ´elenos´ (Francisco Galán, Antonio García y Felipe Torres) conversan en Ginebra la posibilidad de paz con el despeje de cuatro municipios del sur del departamento de Bolívar, las FARC ya tienen una zona de distensión de 40 mil kilómetros cuadrados en el Caquetá desde 1998. En ese sitio no existe la posibilidad de presencia del Estado: no hay dentro policía, ejército o fiscalía. Allá gobiernan las FARC a su antojo, y según informes de inteligencia del Ejército colombiano mantienen a los secuestrados de otras regiones, entre ellos a los más de 150 policías y militares retenidos durante combates con la guerrilla.

Esta situación del despeje ha sido catalogada por algunos analistas como una concesión demasiado grande. Según la revista Time de enero 18 de 1999, el peligro de esta zona radica en la posibilidad de existir una ´balcanización´ de Colombia´, es decir, la división del país. La instauración de nuevas reglas y leyes; la aparición de´nuevos gobernantes´, en remplazo de los alcaldes y ediles elegidos popularmente; el modelo económico que se basa en la droga y la consolidación del poderío militar en la región, hacen prever una situación similar a la de Bosnia y Serbia hace unos años, si no se llega a un acuerdo de paz.

Ahora, el presidente de los Estados Unidos anunció el Plan Colombia, un paquete de ayuda que asciende a $1.300 millones de dólares, $599 millones para mantenimiento y equipamiento de dos batallones antinarcóticos; interdicción aérea, $390 millones; Policía Nacional, $300 millones de dólares aprobados hace dos años; administración de justicia y derechos humanos, 93 millones; y para el desarrollo alternativo de productos, $115 millones) con el fin de erradicar los cultivos ilícitos y acabar con los narcotraficantes. Lo difícil es no involucrarse con las FARC en el terreno de la droga, puesto que de existir una intervención directa de tropas estadounidenses en Colombia, se estaría a las puertas de un nuevo Vietnam. Eso no lo desea nadie, ni siquiera pasa por la mente del más seguro presidente de los Estados Unidos.

Terra / Mónica Godoy, enviada especial