| LA MAGIA DEL COLOR |
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Muchos de los productos que han sido inventados en los últimos tiempos
buscan desesperadamente preservar la juventud y resaltar la belleza de los ojos,
el rostro, el cabello, el cuerpo, los labios y hasta el olor que se desprende
del cuerpo. Entre esos, el maquillaje es el único que gracias al color
logra disimular los defectos y destacar los mejores rasgos del rostro femenino.
El primer conocimiento que se tiene del origen de los cosméticos proviene
del antiguo Egipto, en el Cuarto Milenio A.C., cuando las mujeres resaltaban sus
ojos con tierras y cenizas y los labios con un tinte hecho a base de ocre y óxido
de hierro natural que esparcían con un cepillo. Las mujeres de esta época
fueron las primeras que impusieron la moda de los labios rojos.
Durante la era de los Griegos y los Romanos el maquillaje se perfeccionó
y empezó a cobrar importancia la piel, que se blanqueaba con una mezcla
a base de yeso, harina de habas, tiza y carbonato clásico de plomo. Así
mismo, las pestañas se encrespaban utilizando una mezcla de huevos de hormigas
y moscas machacadas.
En los inicios del Siglo XIX se vivió el verdadero apogeo del maquillaje
en la corte de Francia. Durante esta época la piel del rostro la blanqueaban
con polvos y cremas nacaradas brillantes a base de azufre y los ojos empezaron
a tener importancia en el maquillaje.
Años más tarde, Francia continuó dando muestras de interés
porque sus mujeres se pintaran y se convirtió en el pionero científico
del maquillaje moderno. Después de la Primera Guerra Mundial salieron
al mercado nuevos productos y novedosas técnicas de manufactura, empaque
y publicidad para tener los cosméticos al alcance de todos.
Terra/ Mónica Godoy L. |