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Entrevista
ANDRÉS OPPENHEIMER
Es uno de los escritores y periodistas más reconocidos tanto en Estados Unidos como en América Latina. Gracias a su oficio, ha tenido la posibilidad de conocer de cerca a los protagonistas de la región y ha estado en el lugar de los hechos cada vez que un conflicto amenaza la estabilidad de alguno de estos países. En entrevista con Terra, Oppenheimer habló sobre su vida cuando llegó a Estados Unidos, sobre el periodismo, y su gran pasión: Latinoamérica.
Por: Mónica Godoy L
-Usted nació en Buenos Aires, Argentina pero desde hace mucho tiempo vive en Estados Unidos. ¿Cuándo decidió salir de su país y qué hacía en ese entonces?
Yo me fui de la Argentina en 1976. Era periodista de una revista que se llamaba Siete Días, pero decidí irme a estudiar a Estados Unidos cuando hubo un Golpe Militar en mi país ese año.
Si hubieran sido diferentes las razones, ¿Se habría quedado en la Argentina haciendo periodismo?
Bueno, yo me fui porque no me gustaba el giro político que estaba tomando el país. Estaba entrando en una dictadura y las dictaduras no son ámbitos propicios para los periodistas que nos gusta hacer periodismo independiente. Pero en realidad me fui pensando que me iba por un tiempo y después terminé haciendo mi vida en Estados Unidos.
-¿Cuál era el sueño que perseguía cuando llegó a Estados Unidos?
Tener un trabajo como el que tengo ahora. Ser un corresponsal y un columnista publicado en más de 40, 50 periódicos, y colaborador de CNN. Creo que el sueño que tenía era poder hacer lo que por suerte estoy haciendo.
-En 1978 usted obtuvo su maestría en periodismo de la Universidad de Columbia, en Nueva York. ¿Cómo fue esa primera etapa de estudiante y extranjero en este país?
Bueno, fue una época dura. Yo me acuerdo que andaba en el metro en Nueva York siempre con un diccionario y subrayando las palabras del periódico que no conocía. En todos mis viajes y durante años no me despegué del diccionario. Después, cuando me gradué y terminé la maestría en Columbia, entré en la agencia de noticias Associated Press (AP), en Nueva York, y mi horario era de 12PM a 8AM. Pagué un derecho de piso bastante duro como hacen la mayoría de los inmigrantes al comienzo.
¿Cuánto tiempo duró esa etapa?
Eso lo hice durante algunos meses. Después, y en los siguientes cuatro años, tuve que hacer horarios rotativos: tres semanas trabajaba de medianoche a 8 de la mañana; tres semanas de 8 de la mañana a 4 de la tarde, y tres semanas de 4 de la tarde a 12 de la noche. En AP, como es una agencia de noticias de todo el mundo, trabajan 24 horas.
¿Y después de AP qué vino?
Después de AP entré en el Miami Herald en 1983, quería trabajar en un periódico, mandé mi currículo a varios y me tomaron en el Miami Herald, que era el que estaba más interesado en los temas de América Latina. Entré como reportero de comercio internacional, en las páginas de economía del periódico.
Usted que tuvo la oportunidad de trabajar con periodistas de diferentes nacionalidades, ¿notó alguna diferencia entre la forma de hacer periodismo de los reporteros latinoamericanos y los norteamericanos?
Sí, enorme. Hay muchas diferencias. Pero de eso me di cuenta en la universidad. Son dos estilos muy diferentes. En español somos un poco más rebuscados. En inglés siempre se privilegia la palabra más simple de la más difícil. En español, por ejemplo, tenemos terror a repetir palabras. En una entrevista, la primera vez dices "dijo" fulano de tal, la segunda vez dices, "señaló", la tercera vez dices "afirmó", la cuarta vez dices "espetó". Y cada vez más complicada se vuelve la cosa. En inglés es "said", "said", "said". Y eso lo aprendí en la universidad de Columbia cuando me destrozaban mis artículos con cosas como esa, porque yo escribía en inglés, pero traduciendo del español.
Otra pregunta relacionada con la anterior. Los países latinoamericanos son países que generan muchas noticias por su misma problemática. ¿Eso no hace que los periodistas que están sumidos en esa realidad desarrollen una agilidad diferente a aquellos que viven en lugares donde no surgen tantas noticias?
No, porque los periodistas en Estados Unidos son muy versátiles. Hace tres décadas cubro América Latina. Pero la mayoría de mis colegas, yo diría un 90%, empiezan cubriendo locales, pasan a ser corresponsales extranjeros, de ahí pasan a la sección de economía, luego a libros. En un periódico típico de Estados unidos, la mayoría de los periodistas no son especialistas y pasan de una sección a la otra, más que en América Latina.
Hablando de América Latina, dada la situación por la que atraviesan varios de los países latinoamericanos, cientos de jóvenes profesionales prefieren salir de sus países y vienen aquí o a Europa en busca de un mejor futuro. Pero, por otro lado, esos países pierden a los que llegado el caso podrían hacer algo por el futuro de esas naciones. En su concepto, ¿qué deberían hacer nuestros países para ofrecerles mejores oportunidades a esos profesionales?
Mira, a mi no me asusta terriblemente el hecho de que la gente se vaya de un país porque la gente se va y otra gente viene y el talento no es algo que se acaba. Yo diría que los países lo que tienen que hacer es tener un muy buen sistema educativo y crear gente educada. Además, estamos viviendo en un mundo cada vez más transnacional. El que se va le manda dinero a su madre, vuelve de vacaciones y ayuda a su país a hacer contactos en el extranjero. Yo creo que ese concepto de rasgarse las vestiduras por la fuga de cerebros es un concepto anticuado. En el siglo 21 la mayor ventaja competitiva que va a tener México sobre el resto de los países latinoamericanos es el enorme lobby que va atener en el mercado más grande del mundo, o sea Estados Unidos, por sus conciudadanos que viven aquí. Y lo mismo va a ocurrir con Colombia, lo mismo va a ocurrir con Argentina, y otros tantos. O sea que ese concepto de fuga de cerebros es un concepto que no tiene sentido. Por un lado se pierden, pero por otro lado los ganan si los aprovechan y los siguen reclamando como nacionales.
-Como uno de los periodistas más influyentes de Estados Unidos y quien ha tenido la posibilidad de conocer a fondo la problemática de los países latinoamericanos. ¿Cuál es el principal problema de la región?
Hay muchos. Pero yo diría que el principal problema de la región es todavía la indefinición política y económica. Hay todavía muchos países que no saben qué quieren hacer cuándo sean grandes. Entonces eso hace que los inversionistas de esas naciones no quieran poner todo su dinero allí porque no saben si mañana van a seguir las reglas del juego o no. Yo creo que los grandes problemas se derivan del no haber llegado como en Europa a un grado de definición de acuerdos nacionales sobre el tipo de país que quieran hacer. Otro problema grave es la corrupción y la falta de medidas para terminar con este mal... Hay muchos problemas, pero no creo que ninguno de esos problemas sea irreparable ni imposible de resolver. No creo que América Latina sufra de un problema biológico. Esas cosas se corrigen. Estados Unidos fue uno de los países más corruptos del mundo hace apenas 200 años. Y se corrigieron. No hay motivo para que con América Latina no pase lo mismo.
-Actualmente, Argentina pasa por una de sus peores crisis económicas y en su momento Cavallo pareció ser la salvación. A este punto, usted podría decir que la fórmula Cavallo no funcionó o la situación en la Argentina es tan grave que sobrepasa cualquier plan de salvación?
La situación de la Argentina es un ejemplo de la indefinición política de la que hablaba recién. Todavía en la Argentina no hay un acuerdo entre los partidos políticos y entre los sectores de la sociedad de tomar políticas en consenso para sacar adelante al país. Y eso hace más difícil salir de la crisis económica. Hoy mismo el Presidente está pidiendo un acuerdo nacional. Todavía hay mezquindades políticas que impiden que el país haga un frente común frente a sus acreedores.
-Así como Argentina, Venezuela atraviesa también por una situación difícil con Chávez como Presidente. Muchos aseguran que Chávez en la presidencia puede ser "peligroso" no sólo para el futuro de Venezuela sino de toda la región. ¿Qué tan cierto es eso?
Yo creo que Chávez es un desastre para Venezuela y, como dijo Carlos Fuentes recientemente en el periódico Reforma, es un personaje de opereta. Pero me parece que lo peor que puede ocurrir es un golpe de estado o un movimiento inconstitucional para sacarlo del poder. Los venezolanos lo eligieron y van a tener que aguantárselo porque de lo contrario van a crear un pésimo precedente. Yo creo que Venezuela no tuvo la experiencia autoritaria que tuvieron otros países, y está pasando ahora lo que Argentina, Brasil Chile y otros países pasaron hace 30 años. Con esto van a aprender su lección.
-En Colombia, la situación es cada vez peor con la guerrilla, el narcotráfico y los paramilitares, qué tan lejano ve usted la posibilidad de que se llegue a un acuerdo entre el Gobierno y estos grupos que atentan contra la paz nacional?
Como lo están manejando ahora, veo la posibilidad mínima. Porque lamentablemente el Gobierno está cediendo todo y la guerrilla no ha cedido nada y la clase dirigente de Colombia vive de los eufemismos. Dicen que no hay "guerra civil" sino "conflicto interno", dicen que no hay "secuestros" sino "retenciones". O sea, como si vivieran en alguna ambivalencia. Yo creo que hay una combinación de un gobierno que no negocia desde una posición de fuerza y una clase dirigente que todavía se niega a aceptar la gravedad del problema.
-¿Cuál cree usted que va a ser el próximo presidente de Colombia?
No sé, las últimas encuestas que vi dicen que Serpa. Pero todavía falta.
-Usted fue miembro del equipo que ganó el premio Pulitzer por descubrir la conexión Iran-Contras en 1987 y obtuvo el Premio Ortega y Gasset por sus trabajos de investigación en Cuba. Además, ganó tres premios de la Sociedad Inter-Americana de Prensa, fue merecedor en 1988 del prestigioso premio "Maria Moors Cabot" de la Universidad de Columbia, y hace poco recibió el Rey de España. De todos esos, ¿Cuál considera usted que es el premio de su vida?
Mira, todos y ninguno. Todos porque obviamente no hay mayor halago para un periodista que recibir un premio otorgado por sus colegas. Porque en el fondo los periodistas trabajamos por el reconocimiento de nuestros colegas. Pero tampoco hay que tomárselos tan en serio porque un periodista es tan bueno como su último artículo. Tú puedes ganarte todos los premios, yo creo que no me quedan muchos, pero si mañana escribes algo en donde metes la pata, todo el mundo se va a acordar de ese artículo. Nadie se va acordar de tus premios. Entonces yo tengo muy presente eso. Yo celebro todos esos premios, los festejo por una semana, me ponen sumamente orgulloso, me encantan, pero soy muy consciente de que un periodista es tan bueno como su último artículo.
-Pero usted, además de periodista es escritor de libros como "La hora Final de Castro", México: En la Frontera del Caos", "Crónicas de Héroes y Bandidos", y ahora "Ojos Vendados". Entre los dos oficios, ¿cuál prefiere: el de periodista o el de escritor?
Me dan más satisfacción mis libros, obviamente, pero no sé si podría hacer mis libros sin hacer el periodismo cotidiano. El periodismo es el que me mantiene en forma, el que me permite viajar y renovar mis contactos permanentemente. El que me da la agilidad para no achancharme. Los libros me dan más satisfacción porque tienen mucho más trabajo y más tiempo. Pero el periodismo cotidiano es el que me permite hacerlo.
-¿A qué personaje aún no ha entrevistado y le gustaría entrevistar?
Tendría que pensarlo, pero seguramente no sería un político. Porque los he entrevistado a prácticamente a todos en América Latina y llegan a ser interesantes por una semana pero después no. Las figuras más ricas que he entrevistado son por lo general artistas, o religiosos, o gente que no son Presidentes ni Ministros.
-¿Cuál va a ser su próximo libro?
Acabo de terminar "Ojos Vendados" Y estoy trabajando en la versión en inglés. Ahora en fin de año me voy a dedicar a pensar cuál podría ser el próximo. Pero, como yo les pongo mucha dedicación a mis libros, no vendrá pronto. Cada libro me toma entre 4 y 5 años.