
El mexicano Mario Molina es uno de los tres científicos que al descubrir por medio de una investigación la delicada situación de la capa de ozono en el planeta, levantó una cruzada mundial para impedir la producción y el uso de ciertos compuestos dañinos para el medio ambiente. Su labor, además de impedir un desastre de consecuencias catastróficas para la humanidad, le representó el Premio Nobel de Química en 1995.
En el informe de prensa de la Academia Sueca de Ciencias, usted aparece como uno de los tres hombres que ganaron el premio Nobel en el 95 por una investigación que evitó un desastre medioambiental de consecuencias catastróficas. ¿Qué representa para usted haber hecho tal contribución a la humanidad?
Esta es una pregunta interesante que a veces nos cuesta trabajo analizar porque si la sociedad no hubiera respondido como lo hizo a este problema con el medio ambiente, lo más probable es que sí hubiéramos tenido una catástrofe para estos años, una catástrofe difícil de imaginar. Este fue un trabajo que iniciamos hace años y fuimos los primeros que apuntamos a que este problema existía y era muy serio. Trabajamos mucho no sólo como científicos sino también como ciudadanos, llamándole la atención a distintos gobiernos de varios países para que no se produjeran compuestos dañinos para la capa de ozono. Sin embargo, como todo proceso científico, sólo en la última instancia fue progreso.
Al analizar su trabajo uno se da cuenta de que en esta investigación, además del gran mérito científico que tuvo, es igualmente admirable la posición que ustedes tomaron como científicos de avisarle a la sociedad en general lo que habían descubierto. Cuéntenos un poco cómo llegaron a esa decisión que no es muy común en su gremio.
Bueno, sí, fue una situación especial. Me acuerdo muy bien que con mi colega Sherry Roland tomamos la decisión de que si teníamos que comunicarle lo que fuera al público y a los gobiernos, incluso a los medios de comunicación, lo íbamos a hacer. De otra forma, iba a ser muy difícil que la sociedad respondiera cómo lo hizo. Definitivamente, esa posición que tomamos no es común para los científicos pues normalmente nos sentimos más cómodos trabajando en la ciencia misma y permitiendo que otros se ocupen de los aspectos políticos y sociales de una investigación. Sin embargo, en este caso, la situación fue diferente. Por su puesto, no me arrepiento de eso, creo que ese también es un aspecto importante en el que todos tenemos cierta responsabilidad ante la sociedad pues si descubrimos o nos damos cuenta de algo que puede suceder, es nuestra obligación llamarle la atención a la sociedad de una manera efectiva para que algo suceda.
¿Cuánto demoró este proceso? ¿Fue difícil convencer a la comunidad científica la responsabilidad política y social que tenían con su investigación?
Lo que sucedió fue relativamente sencillo. Al principio le comunicamos a los expertos en nuestro campo la preocupación que teníamos y nuestras ideas fueron muy bien recibidas. Lo difícil fue comunicarle esas ideas a la comunidad científica en general porque, claro, primero tenían que convencerse de que todo tuviese sentido. Luego, quizás el mayor trabajo que tuvimos fue el relacionado con los gobiernos y con los medios de comunicación para comunicarles lo que habíamos descubierto. Comenzando fue un poco frustrante porque pasó mucho tiempo antes de que la sociedad respondiera. Ahora en cambio vemos que tenemos un apoyo muy fuerte de las organizaciones ambientales que son las que se comunican directamente con los distintos gobiernos. En un principio no había organizaciones ambientales que estuvieran trabajando en este tipo de problemas que eran considerados muy "esotéricos".
En 1974, ustedes publicaron un primer informe en la publicación Nature planteando el problema de la Capa de Ozono. ¿Cuándo comenzaron las primeras medidas reales para enfrentar la situación?
La primera y más clara medida que se tomó fue en 1978 cuando en Estados Unidos, Canadá y los Países Escandinavos se prohibió el uso de compuestos que dañaran la capa de ozono, como las latas de aerosol. O sea que sucedió con relativa rapidez. Sin embargo, después pasaron muchos años antes de que se tomara el siguiente paso, que fue la prohibición total de la producción industrial de estos compuestos. También quiero anotar que en los años 74, 75, incluso 76, nos enfrentamos con muchísimos problemas para que los medios de comunicación se dieran cuenta que existía la estratosfera, la capa de ozono, los rayos ultravioleta y que, aunque todos invisibles, podían generar consecuencias catastróficas para la vida en el planeta.
¿En qué año se hizo efectiva la orden de no producir compuestos que atentaran contra la capa de ozono?
Aunque la orden se firmó en 1992, el paro total se produjo en 1995. Sin embargo, no fue un paro total porque los países en vías de desarrollo tenían la opción de continuar la producción por cierto número de años con la idea de darles tiempo para que se prepararan a una transición para tecnologías más limpias. Todos los países industrializados sí pararon la producción por completo en el 95.
¿Qué hubiese pasado si los científicos demoran unos 15 años o más en descubrir el efecto negativo de los CFC?
Pues lo más probable es que en este momento tendríamos una cantidad mucho mayor de esos compuestos en la estratosfera y esa cantidad podría haber generado consecuencias más graves para la capa de ozono. Sabemos que las consecuencias más agudas en este momento se están presentando sobre la Antártica y en eso tenemos suerte, porque es lo que está más lejos de los continentes donde se concentra una mayor población de personas. Sin embargo, el problema es serio y también existe en muchas otras latitudes. Así que la pregunta es difícil de contestar pero yo creo que sí, posiblemente habríamos tenido efectos muy serios con consecuencias muy dañinas sobre todo para sistemas ecológicos que no se pueden proteger.
¿Cuáles son exactamente los compuestos que pueden dañar la capa de ozono?
Son hidrocarburos que tienen halógenos ya sea cloro o bromo. El bromo que se usa por ejemplo en los extinguidores de incendio, los llamados alones, es más dañino que el cloro. Por fortuna, los compuestos con bromo son mucho más caros pero sigue siendo indispensable vigilar su producción que ahora es controlada por el Protocolo de Montreal. Todos estos compuestos nuevos a los que me refiero son compuestos que algunas industrias relativamente pequeñas empiezan a producir muchas veces sin darse cuenta del problema potencial que tiene el uso de estos compuestos. Ese es el caso de algunos solventes, algunos extinguidores de incendio, entre otros. Ahora lo importante es trabajar de cerca con esa industria.
¿Cuáles son las principales consecuencias de un agujero de ozono?
Las consecuencias son de dos tipos. Por un lado, el agujero de ozono se forma sobre el continente antártico y es bastante grande. O sea que cubre no sólo el continente sino que parte de los océanos que rodean la Antártica, que son biológicamente muy activos. De esta forma, ha sido posible medir directamente la consecuencia de la existencia del agujero de ozono en la productividad biológica de estos océanos ya que, por ejemplo, se han visto afectadas plantas unicelulares como la fitoplancton que se ubican en la base de la cadena alimenticia de animales como las ballenas. Así que el daño se produce en toda una cadena alimenticia y las consecuencias ecológicas son directas y se pueden medir.
Por otro lado, está el daño que uno puede causarle a la atmósfera. Lo que está ocurriendo en la Antártica nos demostró con toda claridad la naturaleza del problema y eso permitió que pudiéramos medir las dimensiones de este asunto en el resto del globo terráqueo.
En resumen, las consecuencias se estaban presentando en el mar del sur, y otras altamente peligrosas a altas latitudes cerca del Ártico, a latitudes medias del norte de Estados Unidos y muchas partes en Europa, donde la misma población se puede ver afectada.
¿En qué porcentaje se ha controlado la producción de esos compuestos tóxicos para la capa de ozono?
En un 90%. Porque solo una fracción pequeña de la población continúa produciendo esos productos.
¿Debería llegar a cero algún día?
En la primera década de este siglo tenemos la expectativa de que se pare la producción por completo. Pero el problema es que aquellos compuestos que se emitieron hace diez o 20 años siguen en la atmósfera y pues se van a tardar otros 10 o 20 años en desaparecer.
Con este problema de la capa de ozono supongo que en la comunidad científica se puso en debate ¿hasta qué punto el equilibrio del planeta depende de las acciones del hombre?
Sí, uno de los aspectos más importantes de nuestra labor es precisamente el establecer un precedente. Por un lado, este es el primer ejemplo claro que demuestra cómo la sociedad puede afectar gravemente al planeta, a la atmósfera global, no sólo de cerca sino en todo el globo. Por otro lado, la investigación demostró lo vulnerable que puede ser el medioambiente que no podemos contar con que el planeta sea resistente a todas nuestras acciones. Tenemos que proteger a todo el sistema.
¿Hay alguna especie de protocolo o acuerdo implícito en la comunidad científica para evitar que ocurra algo similar?
Quizás el acuerdo que hubo en Río de Janeiro hace casi ya diez años, en 1992, es un acuerdo en general para promover el desarrollo sostenible. Esto implica que la sociedad no puede tomar acciones que dañen el medio ambiente y que creen consecuencias negativas para las generaciones futuras. Ese sin embargo fue un acuerdo muy general enfocado sobre todo a cambios globales y cambios climáticos. Pero desde otro punto de vista más amplio sí es una llamada de atención a la estabilidad de todo el sistema. Así que en principio sí existe un acuerdo firmado por todas las naciones que las obliga a ocuparse de la estabilidad del planeta. En la práctica, el acuerdo exige que uno estudie cada población específicamente para identificar cada problema y se tomen medidas detalladas. Esta sería la única forma de evitar problemas ya sea como los del efecto invernadero o los del ozono estratosférico.
Orgullo hispano
En su concepto, ¿Cómo está América Latina en materia de investigación?
América Latina desde luego ha progresado. En el caso de México, que es el país que más conozco, ha avanzado mucho en materia científica. Ahora por ejemplo tenemos un grupo de investigadores que están dedicados por completo a las ciencias. Hace 30 años, cuando yo era estudiante, había muy pocos. En general, América Latina debería lograr avances todavía más importantes. En países como Argentina, Chile y Brasil, que tienen tradición en la investigación, se ha invertido bastante en las ciencias pero yo creo que en general tenemos que hacer un esfuerzo para estar al mismo nivel de lo que están haciendo los países desarrollados.
¿En comparación con otras regiones, qué tan eficiente es la inversión que hacen los gobiernos de América Latina para estimular la investigación científica?
La proporción de recursos para la investigación que se hace en los países industrializados es mucho menor que la que se hace en Latinoamérica. No es solo la cantidad total de recursos, que por supuesto es mucho menor, si no que la proporción que se destina para este campo es definitivamente diferente. Durante muchos años se consideró que lo natural era que los países ricos se dedicaran a la investigación y que nosotros simplemente copiábamos y utilizábamos los resultados que ellos obtuvieran. Esa mentalidad debería cambiar. Es un error pensar así porque a la larga para que un país pueda integrarse a la economía de una manera importante es indispensable tener un grupo científico y tecnológico propio. De lo contrario sale mucho más caro.
¿Cree usted que si se hubiera quedado en México habría obtenido el Premio Nóbel de Ciencias?
Es difícil de imaginar. Cuando terminé de estudiar era muy complicado hacer una carrera de investigación. Ahora se ha vuelto más fácil, pero en aquel entonces era mejor dedicarse a otra cosa. Si me hubiera quedado en México yo creo que me habría dedicado a promover políticamente las ciencias y la educación en lugar de hacer investigación por sí misma.
¿Usted llegó a Estados Unidos siguiendo los pasos de su carrera?
Sí, yo salí de México después de terminar mi carrera porque quería dedicarme a la investigación y venirme a estudiar. Desde entonces, y por circunstancias que se presentaron por la investigación en la que estuve involucrado, me quedé en Estados Unidos. Esto era difícil de hacer en México en aquél entonces, así que por eso tuve que quedarme.
¿Usted se siente mexicano o americano?
Bueno, por un lado yo me siento mexicano porque México es el país que me dio su cultura y fue donde nací y viven mis familiares y mi comunidad. Pero por otro lado, me siento americano porque fue Estados Unidos el país que me abrió las puertas y me ofreció los recursos para investigar. Por fortuna, tengo la doble nacionalidad. En mi trabajo he tenido la fortuna de regresarle a la comunidad en México algo de mis esfuerzos trabajando directamente con ellos en colaboración con colegas aquí en Estados Unidos, así es que por fortuna no hay incompatibilidad en este caso en tener doble nacionalidad y en sentirme ciudadano de los dos países. De hecho, los problemas de medio ambiente con los que yo trato representan para mí una forma muy buena de integrar dos tipos de culturas distintas y optimizarlas. Y en todo este proceso nunca he dejado de ser mexicano ni he abandonado mi cultura.
En la lista de los premios Nobel, ¿ por qué figura usted como Norteamericano y no como Mexicano?
Sí, lo que sucedió es que cuando yo obtuve el premio Nobel hace cinco años, yo no tenía la doble nacionalidad. Muchos años atrás, cuando logré la nacionalidad americana tuve que dejar la mexicana por cuestiones de trabajo. Lo que sucedió después fue que recuperé la nacionalidad mexicana y me convertí en el primer ciudadano mexicano en tener la doble nacionalidad.
Y para terminar, ¿cómo ve usted a la comunidad hispana en Estados Unidos?
Yo veo que también ha avanzado mucho. Cuando recién llegué a este país yo veía que los mexicanos, por tratar de integrarse a la sociedad americana, no demostraban muy explícitamente sus valores. Y ahora eso ha cambiado mucho. Ahora todos podemos demostrar con orgullo nuestros orígenes latinos, nuestra cultura. Ese cambio ha sido muy positivo pero tenemos que seguir trabajando muy duro. Tenemos que hacer un esfuerzo grande para que haya una mayor representación de nuestra comunidad a niveles elevados en campos como la educación, la política, la industria y la investigación.
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