Crítica

La asignatura pendiente

Por Nina Hofman

Fernando Trueba admite desde el comienzo del documental que tiene una asignatura pendiente con el jazz latino desde que su padre le regaló el álbum de Paquito de Rivera allá por los años 80.

Sin más, y muy lejos de ser una historia que recuerde a Buena Vista Social Club, Trueba recoge, como si se tratara de una galería, a todos los nombres célebres que han ayudado al desarrollo de lo que conocemos por el jazz latino actual.

Galería, porque los músicos con renombre se suceden continuamente. Así, por el documental pasan la pianista Eliana Elías, Chano Domínguez (padre del jazz-flamenco), el trompetista puertorriqueño, Jerry González, el pianista Michel Camilo, el saxofonista Gato Barbieri, el gran genio de los timbales, Tito Puentes, además Chico O´Farril, Israel López "Cachao", Orlando "Puntilla" Ríos, y los Valdés: Carlos, Chucho y Bebo.

Uno de los momentos más emotivos de Calle 54 es, sin duda, el encuentro frente a frente al piano, tras muchos años sin verse, de Chucho Valdés y su padre Bebo. Entre la música, los dedos que pasan volando, cuando no rozando las teclas del piano de cola larga y las expresiones faciales, Trueba invita al público a vivir la experiencia del reencuentro familiar a través de la música.

Calle 54, como una asignatura pendiente, es eso, una película muy personal que gustará sobre todo a los amantes del jazz y más aún, a los del jazz latino. Un documental donde las manos, los dedos y las expresiones, además de la música, son los únicos protagonistas. Sin embargo, se nota que a Trueba no le preocupa demasiado la aceptación o no del público.

El documental se alarga demasiado por la necesidad de mostrar íntegramente todas las partes musicales aligeradas con pocas escenas denominadas de "interés humano". Es una pena, pues hay una pequeña escena donde el documental cobra más ritmo del puramente jazzístico, en el que los maestros hablan de cómo entienden el jazz y su evolución africana.

Filmada con una técnica artística de granulado, de cámaras que se mueven al son de la música e intensificado por filtros azulados, rojos, negros, que se mezclan según estilos determinados, Calle 54, definitivamente, es una obra intelectual que más parece hecha para Trueba y los aficionados del jazz latino que para un público general.


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