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Crítica
Una obra hecha con pincelada fina (sinopsis)
Por Nina Hofman
Wong
Kar-wai (Happy Together, Ashes of Time, A Tears Go By) posee
una manera muy peculiar de realizar sus películas. Al contrario
que otros directores, Wong prefiere dirigir sus películas sin guión,
simplemente dejando que los personajes vayan tomando cuerpo a partir
de las escenas que va filmando.
Esta
característica se percibe sobre todo en la falta de diálogos
y en la necesidad de repetir escenas lentas que den tiempo a que
los personajes cobren forma sin necesidad de guión. Sin embargo,
en estas repeticiones se encuentra también la falta de empuje que
deja al público somnoliento.
Las
repeticiones, que al son de dos estupendas melodías, la de violines
compuesta por Michael Galasso y la canción de Aquellos ojos verdes
cantada por Nat King Cole, resultan muy bellas al principio a la
vez que sirven para envolver el amor que va surgiendo entre los
dos protagonistas. Pero tras continuas repeticiones todo, música
y narración, no deja de perder fuerza.
Los actores, Tony Leung (Chiu-wai) y
Maggie Cheung (Man-yuk), a falta de guión, actúan impulsando
miradas acentuadas con cadencias corporales en un vaivén constante
que sin decir nada, lo dicen todo. No en vano, Tony Leung ganó la
Palma de Oro al mejor actor en Cannes.
Una anotación imprescindible es el continuo
vestuario que sin repetir a lo largo de la película viste
Maggie Cheung, digno de una nominación. Los vestidos forman
una galería que embellece la película por su colorido,
textura y corte embelleciendo con elegancia la silueta de la actriz,
dándole ese aire inalcanzable que caracteriza a su personaje.
Sin duda, este director chino tiene un estilo
propio, muy artístico, que dirige sus obras con pinceladas de brocha
fina dándole gran importancia a lo visual, netamente artísticos
(muchos de sus planos son fotografías dignas de un museo) pero que
no llega a ser suficiente para atrapar al espectador hasta el final.
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