Crítica

Amor a la Humanidad (Sinopsis)

Por Bárbara Martos

The Widow of Saint Pierre ('widow', es decir 'veuve' en el antiguo francés es guillotina) es un drama épico dirigido por Patrice Leconte, uno de los directores más prestigiosos de Francia, tiene lugar en 1850, en la isla de Saint Pierre, un pequeño territorio francés cerca de las costas canadienses. Un hombre es brutalmente asesinado, y el culpable Neel Auguste (Emir Kusturica) es condenado a muerte. Pero en la isla no hay guillotina, y mientras se espera la llegada del instrumento mortal, Neel es puesto bajo la custodia del Capitán (Daniel Auteuil). La mujer del Capitán, Madame La (Juliette Binoche) empieza a preocuparse por el destino del condenado. No se resigna a aceptar que ese hombre pueda ser cruel y confía en su rehabilitación a toda costa.

El director se inspira en unos hechos reales, en una crónica negra, para imaginar y dar a luz una historia conmovedora que nos habla del amor, de la espera, del derecho a la vida y de la pena de muerte. Ante todo, el filme es una fuerte condena a la pena de muerte, y nos transmite la idea de que entre el momento en que se condena a alguien y el momento en que se ejecuta a esa persona, puede pasar mucho tiempo, y ese condenado puede haberse rehabilitado antes de morir. El filme tiene lugar en el siglo XIX. Estamos ya en el siglo XXI y la pena de muerte sigue vigente en muchos países, donde se condena a los criminales sin darles la opción de una redención. Y eso es lo que nos transmite The Widow of St. Pierre, que una persona puede cambiar si se le da la oportunidad de ello.

El elenco de actores no podía haber sido mejor elegido. Juliette Binoche deja de ser ella misma para convertirse en alma y cuerpo en Madame La (abreviatura para Madame La Capitaine), entregándose de lleno en su rol de heroína. Binoche nos deleita de nuevo con una magnifica y bondadosa actuación y es un verdadero placer verla en la pantalla.
Emir Kusturica es un condenado ejemplar, es una persona ingenua, que mata sin motivo alguno. Neel August es muy natural, es un ser espontáneo y sincero, y nos demuestra como es posible la rehabilitación de las personas. El director yugoslavo ofrece una sólida actuación, para ser la primera vez que se pone tras las cámaras.
Pero el que de verdad se come la pantalla es Daniel Auteuil, que tiene un papel hecho a su medida, un Capitán completamente enamorado de su mujer y que hará todo lo que sea posible por hacerla feliz. Un Capitán que puede parecernos un mequetrefe en manos de su mujer, pero que va a defender sus creencias y sus valores morales hasta el final, sin importale las consecuencias. Es la esencia de la nobleza y del honor.

La fotografía de Eduardo Serra es estupenda, a veces cálida, a veces heladora. Las cámaras oscilan entre oscuros interiores y salvajes e infinitos paisajes. Las imágenes que captan nuestras pupilas nos trasladan a Canadá, con sus constantes nieves invernales y neblinas. El mar, un elemento constantemente presente en las islas, es retratado de forma magnífica mostrándonos su inmensidad. Pero lo más impresionante son las imágenes del Capitán cuando está montando su caballo, un caballo negro radiante. Un Capitán y su caballo corriendo hacia la libertad. Son unas secuencias que pocos podrán olvidar.

The Widow of Saint Pierre es una película preciosista, es un canto al amor, el amor a la vida, a la humanidad, y, sobre todo, es un grito contra la pena de muerte. Pero el filme también nos habla de la espera y de la confianza, la tensa espera de Neel hasta el final, y la confianza que depositan en su inocencia y rehabilitación otras personas. Es una película muy equilibrada, donde también hay una gran pasión. El matrimonio entre el Capitán y su mujer está basado en la admiración, la intimidad y la confianza, y el amor que se profesan es tan intenso y tan limpio que nadie escapa de su hechizo.

Patrice Leconte nos sorprende de nuevo con esta película, tras la cautivadora Le Parfum d'Yvonne y la sensibilidad y la belleza de Le Mari de la coiffeuse, demostrándonos que el cine francés sigue vivo. El director tiene la habilidad de mezclar las emociones con el intelecto, y nos ofrece una maravillosa película llena de humanidad, de la que todos deberíamos aprender.

 

 

 

 

 


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