Crítica

Por amor a la música tocan los Espíritus de la Habana (sinopsis)

Por Rubén Lavernia

Patrocinado por el National Film Board of Canada, el documental Spirits of Havana narra la historia de cómo la flautista/saxofonista Jane Bunnett y su compañero el trompeta Larry Cramer han viajado a Cuba a empaparse de las raíces de la música cubana.

En la cinta asistimos al encuentro de ambos con músicos cubanos, algunos de ellos una tradición viviente del son, guaguancó y otros géneros, entre ellos: Tata Güines, Bobby Carcasés, Los muñequitos de Matanzas, Los Naranjos y una agrupación de descendientes de haitianos en Camagüey llamada Desandann.

El documental es un verdaro deleite para los amantes de la música que pueden apreciar el respeto y la dedicación de Jane y Larry en las sesiones de grabación.

Los realizadores del film, Bay Weyman y Luis O García, se acercan en los primeros planos a los protagonistas para situarnos de lleno en las vivencias de estos. En las sesiones de grabación y en planos exteriores podemos apreciar una visión de la Cuba de hoy, de sus gentes y muy sutilmente de algunos de sus problemas.

Es memorable cuando en una discusión de pelota en el Prado habanero, los directores pueden filmar cuando un policía se acerca para oir la conversación que se está sosteniendo. Pero el documental no trata de ser exteriormente crítico sino es precisamente la reflexión la que nos lleva a analizar la situación de la Cuba de hoy, esto a través de la labor que lleva Jane realizando durante varios años.

Ella misma confiesa que su primer viaje a Cuba fue un poco accidental, pero que nunca pensó que encontraría tanta riqueza musical y fue esto, precisamente, lo que la enamoró de Cuba.

Las figuras que desfilan en las distintas sesiones de grabaciones pudieran quedar como un testimonio viviente de la música cubana. Jane tambien rinde un homenaje a la desaparecida Mercedita Valdés a quien conoció en Canadá, durante unas presentaciones hace algunos años. La visita a la tumba de esta en el cementerio de Colón nos muestra la calidad humana de la flautista y su compañero. Un sentido y humilde homenaje una de las grandes artistas cubanas.

En la cinta, Jane explica como ha estado viajando a la isla para intercambiar experiencias con los músicos y los documentalistas dan buena fe de ello. A medida que se desarrollan los hechos, la fotografía se va embelleciendo hasta llegar al planos realmente hermosos como en la sesión de grabación en Camagüey donde la lluvia forma parte de la banda sonora de la película, mientras se recrean vistas de la ciudad y de la grabación con el grupo Desandann.

También asistimos a visitas al conservatorio Amadeo Roldán en la Habana y a una escuela vocacional de música en Camagüey. Jane además de las sesiones de grabación, ha venido desarrolando una labor de ayuda material a dichas escuelas, llevando instrumentos y también amigos canadienses que los reparan, con el fin de que los estudiantes puedan practicar. En estas secuencias tenemos una oportunidad única de conocer el estado en que se encuentran dichos centros debido a las carencias económicas, para desarrollar su labor docente.

En resumen, el documental es un viaje a través de la isla acompañados de la música en lugar de la política, donde está presente la fusión del jazz con los ritmos de orígen africano. Una verdadera fiesta para los musicólogos.

 

 

 

 


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