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AMERICAN BEAUTY, O EL JUEGO DE LAS APARIENCIAS
La opera prima del director Sam Mendes cuenta con un excelente guión (elaborado por Alan Ball) que narra la historia de una manera inteligente, con humor y lucidez. El autor juega con los estereotipos de una manera original: el fracasado, la adolescente que quiere perder la inocencia, la amiga, el marine, la ejecutiva exitosa y el tipo freak.
Los personajes están situados en un mundo de apariencias, no muy distinto a la vida real, donde la proyección de la imagen es más importante que la vida misma. En contraposición se encuentra la belleza natural de las personas y las cosas, donde lo más importante es vivir.
Todos hacen concesiones para desenvolverse en este mundo frívolo, incluso el muchacho freak, Ricky Fitts, interpretado por Wes Bentley, que lleva a un extremo la contemplación de la belleza, puesto que transita atado a una cámara de video capturando imágenes, capturando la belleza. Este mantiene un inmenso archivo de cintas que costea traficando marihuana de primera selección. El muchacho también fuma la hierba, pero como hijo de un ex coronel aparenta vivir bajo el código de disciplina y estructura.
No es extraño que este filme haya causado polémica puesto que en la superficie parece una apología de la marihuana, pero en el fondo se interpreta que el uso de la droga surge como una respuesta a la autorrepresión, y se convierte en una escusa para la liberación, que puede ocurrir con droga o sin ella.
Lo mejor de la película es que toca un tema profundo de una manera liviana, incluso divertida, con bastante ironía y humor negro. Kevin Spacey desarrolló un excelente papel como hombre frustrado que decide dar un vuelco a su vida. Annette Bening hizo de las suyas como la esposa. Ambos protagonistas están nominados por un Oscar como mejor actor y actriz respectivamente.
Terra / Cristián Faundes
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