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THE GREEN MILE, EL LARGO CAMINO
Tres horas en una sala de cine pueden resultar una eternidad, pero no cuando se está presentando The Green Mile. Estamos de acuerdo con que es un trabajo extenso, pero al fin y al cabo, un muy buen trabajo.
Es difícil que una producción como esta llegue a tener el éxito de taquilla que alcanzó American Beauty, ocurre que los elementos que tiene son más densos, y más intensos, tal vez menos digeribles. Para un comentario de esta película, es necesario establecer cuál es el elemento clave que desencadena la acción. En este filme es una pregunta: ¿qué haría un supervisor de ejecuciones de muerte si tiene en sus manos la vida de un curandero de buena naturaleza?
Matar no es fácil, y mucho menos de profesión, peor aún cuando se trata de la vida de una persona en cadenas y encerrado. Claro, asoma la palabra justicia y condena de muerte. Pero también el derecho a la vida, y con mayor intensidad si existe la duda sobre la inocencia.
El guión, una adaptación de la novela THE GREEN MILE, de Stephen King, entrelaza dos historias en forma magistral. Una es la de un crimen por la que está acusado John Coffey interpretado por Michael Clarke Duncan; otra, es la propia historia del carcelero que da un vuelco a su vida después de conocer al condenado a muerte. Temas que destacan son el abuso de poder, compañerismo, amistad, el perdón, la violencia y la muerte. Al final de la película descubrimos que esta última representa un largo camino para algunos y uno muy corto para otros.
Destaco el trabajo en fotografía, que muestra un equilibrio en el movimiento e iluminación. Más aún, el uso de cámara que permite abrir un espacio tan tétrico como un calabozo y sugiere con el uso de color, un toque de antigüedad aportando a la ambientación.
Terra / Cristián Faundes
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