
CRÍTICA: ERIN BROCKOVICH |
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EXPLOTACIÓN DEL FENÓMENO ROBERTS
Erin Brockovich, dirigida por Steven Soderbergh, es un docudrama
basado en unos hechos reales que giran alrededor de la protagonista
principal. Erin Brockovich (Julia Roberts) es una joven y dinámica
madre desempleada, sin dinero ni educación y que lucha por unos
principios éticos y por sacar adelante a su familia. Erin empieza
a trabajar para su abogado, donde descubre una tapadera para encubrir
la contaminación del agua de la comunidad local.
El filme explota al máximo el personaje de Julia Roberts, como
ya se hizo en Pretty Woman, aquella vez fue para hacerla
famosa y esta vez para que gane un Oscar. Con unas minifaldas de
infarto, mucho maquillaje, zapatos de plataforma y sobre todo unos
llamativos Wonderbras, la película está constantemente lanzándonos
una imagen de la actriz quizás demasiado provocativa para ser una
madre soltera que lucha por una causa justa. Además, Erin Brockovich
es una persona con un carácter muy especial, con un fuerte temperamento,
desagradable, vulgar, y malhablada, con lo cuál es un personaje
que nos puede sacar un poco de quicio. Aún así, la actuación de
Julia Roberts es magnífica, la actriz se come al personaje y lo
hace suyo por completo. Erin Brockovich será siempre Julia Roberts.
El director Steven Soderbergh, más conocido por Out of Sight
(George Clooney y Jennifer López), hizo su debut con el excelente
filme Sex, Lies, and Videotape en 1989. Desde luego con Erin
Brockovich lo único que ha conseguido es una película excesivamente
larga, donde escasea el drama, con escenas bastante repetitivas,
pero que evidentemente ha sacado un buen provecho del fenómeno Roberts.
Y nos preguntamos, ¿cómo este filme puede estar nominado a la categoría
de Mejor Película? Quizás los señores académicos se sensibilizaron
con la historia, o quizás el 2000 ha sido verdaderamente un año
con muy pocas buenas películas. En cambio, la nominación de Julia
Roberts a Mejor Actriz está más que justificada.
Bárbara Martos
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