Pero como inversionista, debes comprender que ser demasiado ambicioso puede resultar contraproducente al grado de llegar a comprometer tu patrimonio. Tus decisiones de inversión deben basarse en el momento de tu vida en que te encuentres y en tus preferencias personales respecto al riesgo.
Para identificar qué tipo de inversionista eres, considera que básicamente existen tres perfiles: el inversionista conservador, el moderado y el agresivo.
Un inversionista conservador se define como una persona totalmente adversa al riesgo, por lo que su estrategia lógica será canalizar el 100% de sus activos a inversiones en valores gubernamentales (renta fija), como los
Bonos del Tesoro ("Treasury Bonds" o U.S. Savings Bonds), instrumentos comúnmente catalogados como exentos de riesgo.
En el punto medio encontramos al inversionista moderado. Es una persona que valora la seguridad de los instrumentos del mercado de deuda (como valores gubernamentales y pagares bancarios) pero también destina un porcentaje de sus recursos a instrumentos de renta variable (acciones que cotizan en la
bolsa). Un ejemplo de una estrategia moderada sería invertir un 90% en instrumentos de renta fija y un 10% en títulos de renta variable.
En el otro extremo se ubica el inversionista agresivo. Busca los extraordinarios rendimientos que sólo el mercado accionario puede generar al tiempo que conoce y asimila el riesgo que esto representa. Por tanto, su estrategia será dar mayor peso, al menos un 30% de su dinero, a las inversiones en instrumentos renta variable.
Si después de haber leído lo anterior todavía no sabes cuánto riesgo puedes tomar te aconsejamos lo siguiente: El rumbo de tus inversiones no debe hacerte perder el sueño preguntándote cómo abrirá la Bolsa o sí los
Bonos subirán en la próxima subasta. Esto sería un indicador temprano de que estas arriesgando más de lo que
deberías.